NOSTALGICOS CORSOS
¡Dale Cachito corré! ¡ Trae el balde que allá hay dos chicas y las vamos mojar bien!.
El juego con agua está en su apogeo en el caluroso día de carnaval, chicos y grandes participan con alegría de esa especie de orgía acuática durante toda la tarde.
En los barrios las calles de tierra se convierten en lodazal donde patinan y se mojan felices los adoradores del dios Momo.
Agotados se retiran a descansar esta noche hay corso en la Avenida principal de la ciudad y nadie quiere faltar.
Al finalizar éste comienzan los bailes en plena calle con la participación de todos y especialmente de los osados disfrazados en la mágica noche dedicada al rey Momo, ocultos tras un antifaz dan rienda suelta a sus fantasías que se desvanecen con la luz del sol
Una anécdota graciosa ocurrió una noche de carnaval en mi barrio.
La tardecita era calurosa, los vecinos sentados en la vereda charlaban de los desatinos de la juventud, Don Vicente, un gringo bastante bruto aseguraba que sus hijos varones estaban bien educados y que él no les permitía salir de noche y menos en carnaval -podía ocurría cualquier desatino.-
En eso pasa un grupo de muchachos disfrazados y con voz de falsete le gritan
- Chau viejo P.. do- y echan a correr-
- Don Vicente se pone de pie y con los puños en alto les grita-
- Mas pel…do será tu padre que te deja salir-
- No se enteró que eran su traviesos hijos los que saludaron.
-
Es la noche tan esperada donde reina la diversión, ocultos en la clandestinidad de los disfraces las divertidas comparsas marchan al son de tamboriles entonando picarescas canciones para deleite de los presentes
Las carrozas desfilan arrastradas por un tractor o sobre camionetas, cargadas de jóvenes derrochando alegrías y serpentinas.
La gente espera ansiosa para ver la sorpresa que se anuncia por los altoparlantes, compiten por el primer premio en una puja que se podría llamar de política y poder las dos empresas funerarias del la ciudad.
Ante la admiración y el asombro de todos aparece primero la que adhiere al peronismo, es un a magnífica representación de la UES, donde no faltan las bellas muchachas, las banderas y toda la parafernalia que rodeaba a la mítica agrupación.
Tras una tensa e impaciente espera, aparece por la entrada este de la avenida, una impresionante carroza cubierta de blancas plumas representando un gigantesco cisne, la gente maravillada no deja de aplaudir.
Las dos carrozas son los pomposos coches fúnebres ataviados para esta ocasión, arrastrados por seis briosos y lustrosos caballos negros acompañados a pie por un maestro de ceremonia vestido de negro con guantes blancos-.
Es un tiempo de grandes y tumultuosas divisiones políticas, la gente elige aplaudir y vitorear al precioso cisne cargado de muchachas disfrazadas con lujosos vestidos que arrojan flores y besos por doquier.
Es un momento tenso y estalla la discusión entre los contrincantes, restallan los largos látigos y se encabritan los nerviosos caballos, la gente huye despavorida por el peligro.
Fue un estúpido enfrentamiento ideológico que arruinó el último gran corso que se realizó en esta ciudad.
Este nostálgico recuerdo ocurrió en el siglo pasado en el año 195…
4 comentarios:
¡Qué alegría Teresita! Hace mucho que no leía nada tuyo.
¿Sabés? Me acuerdo de carnavales en el pueblo donde vivía, y vivía en calle de tierra, del festival del agua, y el barro, las patinadas y las carcajadas de a ver quién mojaba más a quién. Y de paso, y los significados que en la niñez una le daba a eso lindo.
Y con los transcurrires del ejercicio de lo político, fuese cual fuese el ámbito en el que se lo ejerce ¡qué poco hemos aprendido! Tu nostálgico recuerdo del siglo pasado en ese año, transformado en actualidad en este siglo XXI
Beso grandote,
Adela
Hola Teresita, que bueno verte por acá. Buenisimo este recuerdo del pasado. Bien escrito, nostalgioso y emotivo. Me super gustó.
Un bf.
Iris.
Hola Teresita. De chico yo también viví la época que nos traés como recuerdo, y me encantó que lo hagas y muy bien por cierto. Eran otros tiempos, donde se podía salir a la calle sin miedos.
Daniel
¡Tere! ¡Qué alegría leer algo tuyo, luego de algún tiempo!
A mí me encantaba el carnaval, con disfraces incluidos.
Besos,
Alicia.
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