-Después de abrir la puerta… El Paquete no lo podía creer.
-¿Lo qué?
-¡Que Mal Aliento, veía!... ¡¿Te da cuenta, Chino?!
-¿En serio me lo decí, Vieja?
-¡Sí, hermano! Mal Aliento veía dispué de lo que le había hecho El Paquete, y estaba muy shusheta, con un jetra de prima, bobo y zarzo de oro, parado en la tapuer enfrente del quía, con un bufoso en la mano, y mirándolo con una sonrisa que daba pavura… daba. Dispué de la biaba del quilombo, Mal Aliento se la tenía jurada, y lo agarró en orsái.
-¡Oidioca!... ¿Y El Paquete?
-El Paquete se quedó helado. Ademá, Mal Aliento no venía solo, traía de laderos a Manopla, Quince Puntos, y Entrecejo.
-¡No me digá!
-¡¿Te imaginá el julepe, Chino?!
-¡Ah, no!... ¡Ja!... El Paquete se habrá cagado en las pata.
-¡Qué te parece! A lo primero manoteó el naife, pero denseguida se vio finado y se pegó un zogaca de la puta madre. Salió rajando pa´l fondo. Los tacos de los timbos le pegaban en el orto… le pegaban.
El Chino y La Vieja, dos ladrones de poca monta que vivían en los suburbios de Buenos Aires a mediados del siglo veinte, hablaban sobre lo ocurrido noches atrás, en el aguantadero que El Paquete -jefe de una famosa banda de malvivientes- tenía en el barrio de San Telmo.
Tres años antes, en la puja por prevalecer en los negocios de la prostitución y del juego clandestino de la zona, El Paquete y su gavilla le habían propinado una paliza descomunal a Mal Aliento -cabecilla de una pandilla rival- quien a consecuencia de un brutal golpe de cachiporra terminó perdiendo la vista. En aquel momento lo sorprendieron saliendo de un prostíbulo acompañado por Sonia, la ramera que gozaba de las preferencias de Mal Aliento a la hora de encamarse con una de sus chicas, y después de la golpiza, creyéndolo muerto, lo dejaron tirado sobre el adoquinado del callejón que daba a los fondos de Séxodos, el prostíbulo en cuestión. A la meretriz la dejaron ir.
En el hampa pronto se supo que Mal Aliento estaba vivo, pero al quedar ciego perdió su poder, y pronto desapareció misteriosamente. Jamás se lo volvió a ver, y tanto la policía cuanto los hombres de El Paquete, fracasaron estrepitosamente en el intento de conocer cuál era el paradero del delincuente venido a menos. La primera, para echarle el guante aprovechando su decadencia, y los segundos, para eliminarlo definitivamente.
Por su parte, Mal Aliento viajó a Europa acompañado por Aguarrás, su segundo, y con el dinero mal habido que había acumulado por años, pudo pagar una operación y un costoso y largo tratamiento que casi milagrosamente le devolvieron la vista. Una semana antes de aparecérsele a El Paquete, Mal Aliento había regresado a Buenos Aires, saboreando de antemano el dulzor de la venganza.
-¿Y qué pasó después, Vieja? - preguntó El Chino.
-El Paquete quiso despertar a Pechito, El Camba, y Acoplado, que apoliyaban de lo lindo en la zapie de atrás, pero la gente de Mal Aliento los cachó en las catreras... No le dio tiempo a reaccionar y los pasó a mejor vida. Dispué, Mal Aliento, llevó a El Paquete de los pelos hasta la burra, se la hizo abrir, y le afanó toda la biyuya… le afanó.
-¿Era mucha guita, che?
-Dicen que había má de veinte tocos.
-¡Sandié!
-Dispué, Mal Aliento le encajó a El Paquete un ñoqui que casi le vuela la sabiola.
-¡Flor de menesunda en la que estaba metido El Paquete!
-¡Y no!... En un momento el gilberto ese quiso pirar, y Mal Aliento que ya estaba estrilado lo enfrió de un tiro… lo enfrió.
-¡A la marosca!
-Dispué, Mal Aliento prendió un faso, y le dijo a Quince Puntos que en señal de burla al sobrenombre del fiambre, hiciera con él un paquete y lo dejara en el adoquinado del callejón, atrás de Séxodos. Acto seguido salió a la yeca, subió a un bote chiqué donde lo esperaba Aguarrás haciendo de campana, y esa misma noche se piantó para Rosario, donde ahora actúa su gavilla. Al tomuer lo encontró un caferata que había salido de la leonera con la condición de laburarla de ortiba de los tiras. Ahora el cuerpo de El Paquete está en la fiambrera judicial.
-¿Y cómo te enteraste de todo, Chino?
-Me lo batió un chitrulo contamusa. Primero no lo creí, pero dispués me lo confirmó Manón, la papusa brava que vive en el yotivenco mistongo de la calle Garay. A ella se lo contó la madama del quilombo.
-¡Mirá vo al sofaifa este! Tantos años buscándolo la yuta, y lo viene a encontrar muerto en el callejón.
-¡Te imaginás al taquero! Dicen después de abrir el paquete, no podía creer que adentro estaba El Paquete… no podía.
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VOCES LUNFARDAS
de asombro. Naife: cuchillo.
Afanó: robó. Ñoqui: trompada.
Aguantadero: escondite. ¡Oidioca!: interjecc. ¡Dios mío!
Apoliyaban: dormían. Orsái: mal parado. Fuera de
Batió: dijo, alcahuetó. lugar. Mal ubicado.
Biaba: paliza. Ortiba: soplón.
Biyuya: dinero. Orto: ano, culo.
Bobo: reloj. Papusa: Muy linda.
Bote: automóvil lujoso. Contamusa: mentiroso.
Bufoso: revólver. Quía: despectivamente, persona
Burra: caja fuerte. de la que se habla.
Cachó: tomó, sorprendió, Quilombo: prostíbulo.
encontró. Paquete: engaño. Hacer el
Caferata: proxeneta. paquete, embaucar.
Camba: vesrre de bacán. Piantó: se fue.
Campana: ayudante de un Pirar: escapar.
ladrón, que está alerta con el Prima (de): de primera calidad.
propósito de avisar si algo Rajando: corriendo. A la carrera.
anda mal, viene la policía, o Sabiola: cabeza.
cosas por el estilo. ¡Sandié!: expresión de
Cagazo: susto asombro.
Chamuyo: conversación. Sofaifa: en forma despectiva,
Chiqué: aparatoso, ostentoso. individuo.
Chitrulo: tonto. Taquero: comisario.
Gilberto: deformación de gil. Tapuer: vesrre de puerta.
Guita: plata, dinero. Timbo: zapato. Vesrre de botín.
Encajó: dio. Tipo: hombre.
Enfrió: mató. Tiras: policías.
Estrilado: enfurecido. Toco. Fajo de billetes.
Faso: cigarro de hoja. Tomuer: vesrre de muerto.
Fiambre: muerto. Vesrre: revés.
Fiambrera: morgue. Yeca: vesrre y deformación de
Jetra: vesrre de traje. calle.
Julepe: miedo, susto. Yotivenco: vesrre y deformación
Laburarla: trabajar. de conventillo.
Leonera: calabozo colectivo. Yuta: cuerpo de policía.
Madama: mujer regente de Zapie: vesrre de pieza. Dormitorio.
un prostíbulo. Zarzo: anillo.
Malafia: malevaje. Zogaca: vesrre de cagazo.
Menesunda: embrollo.
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¡Hasta el próximo cuento!

3 comentarios:
Daniel, ¡me encantó!
Me hiciste recordar a mi viejito. Él, me regaló un libro sobre el lunfardo y otro sobre tangos arrabaleros; porque sabía que me gustaban.
Tu escrito, ¡precioso!
¡Gracias, por el recuerdo de mi querido Rubencito!
Beso,
Alicia.
P.D: Es el segundo comentario que subo, el primero no salió.
Doble mérito tiene este cuento Daniel. Por un lado recrear en la palabra escrita, esa forma de decir que identifica. Por otro lado el enriquecimiento del vocabulario utilizado con la consiguiente explicación y que acaso los porteños deberíamos conocer como la palma de la mano para no alejarnos de lo que también es nuestro.
Un beso,
Adela
Genial Daniel, te calza como anillo al dedo. Te felicito.
Un bf.
Iris.
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