Minka se sienta en el sillón giratorio y cierra la puerta extendiendo su brazo, y la cierra despacio pero firme como lo hace siempre cuando no quiere que nadie la moleste. No enciende la computadora y por el interno le dice a su secretaria que no le pase llamados.
Minka mira y vuelve a mirar mil veces las fotos y esos dibujos que encontró en la pared del consultorio de Lupil.
Son las ocho de la noche y cuando estima que todos ya se fueron, llama a uno de los internos para constatar si alguien responde. Como ya todos se han ido, se levanta del sillón y antes de salir de la oficina, va al baño con la cartera y saca el maquillaje con el que, con cuidado de artesano, trata de volver a cubrir lo que ve como inocultable.
El taxi surca la avenida San Martín y el hombre la mira sonriente por el espejo retrovisor como para escuchar algún comentario que no saldrá de la boca de Minka. Mue, repite su mente en mapuche, mue. Sabe que los chicos ya no volverán a ver a su chachai, y en las vacaciones irán esta vez, y para siempre, sólo con ella. Y nadie tiene por qué saber nada, si durante años nadie supo nada de nada, ni quiso saber, es porque nada les importó. Promauca, hay en todos lados. Ahora duda si aquello del Lacar, cuando fueron con los chicos a pasear en la canoa, había sido obra de Ayayema, si los anillos y collares que no estaban en la cómoda sería debido a Sechus que andaba haciendo travesuras, porque no volvieron a aparecer. Maldita villche que siempre desconoce la mapu en la que se crió y daña a su ayun.
El taxi gira en Mitre y a las dos cuadras Minka se baja aunque le falten cuatro para llegar a su casa; prefiere reordenar sus pensamientos mientras le camina la tristeza desde el vientre hondo hasta los riñones. Sabe que no vomitará y que los chicos por las vacaciones, están desde algunos días en lo de Kela y no volverán hasta la llegada de su chachai. Sabe que todos saben que ella está sola y que Lupil llegará el próximo martes, del sur.
Entra, antes de decidirse a llegar a su casa, en el único almacén que ha sobrevivido en el barrio a tanto supermercado caro que la rodea. Mira a don Justo que le sonríe como siempre y le pregunta si ya recibió ese desodorante de ambiente con olor marino que le había prometido la semana anterior. Lleva espirales, el desodorante, fósforos y agua mineral, un poco de dulce de batata, queso fresco y un pan lactal. Cruza la calle y son sólo unos pasos hasta que busca la llave.
El living tan ordenado le recuerda por un instante, al día que decidieron mudarse cuando la arquitecta les había dado la sorpresa anticipada que hasta las cortinas estaban colocadas. Y los muebles. Y los placares ordenados. Y los cuadros.
Abre el ventanal y sólo estira el brazo para encender la luz del patio.
La cocina, más limpia que un quirófano necesita un poco de olor a hogar. Coloca en una cacerola agua, dos dientes de ajo, un poco de laurel y unas hojas de perejil. El café también ha de regresar el perfume de horas lejanas, con tostadas.
El dormitorio de los chicos preserva los colores tiernos de cuando tanto se los extraña, por unos poquísimos días de ausencia por vacaciones merecidas y necesarias. Minka se acerca a la cama de Nahuel y acuesta al oso que sigue durmiendo con él a pesar de sus once, y a la muñeca de Ayelén la sienta en la sillita, como ella la había dejado.
Junta las pantuflas del baño de los chicos y coloca cada par, debajo de sus camas.
Su dormitorio enorme, con sábanas, almohadas, y cubrecama de estreno, huele a nuevo, merecido y necesario.
En la bañadera todo ha acontecido como debía. Abre el ventanal, se coloca los guantes y en una bolsa de residuos de consorcio, comienza a guardar parte de todos los deshechos, se da cuenta que la valija que ha traído Lupil es mediana y que no es suficiente. Va a buscar otra bolsa para completar lo que había empezado y lo que queda lo ubica en el bolso grande del club de tenis de Lupil.
Deja la valija y el bolso en el pasillo y vuelve al baño principal a limpiar la bañadera con el barbijo puesto. Sabe que el detergente y la lavandina reaccionan de un modo casi tóxico, pareciera que la higiene en extremo por alguna razón, a veces, también contamina.
Llama a Kela que como siempre está de excelente humor y le pasa con los chicos que con ella han ido al cine y van a acostarse temprano, para ir al día siguiente al zoológico, rezongan que el chachai no los ha llamado todavía, y Minka los calma, guarda silencio pero sí les confirma que el oso duerme y que la muñeca está jugando en la sillita, antes de despedirse entre mimos verbales que los tres disfrutan.
Apaga la cocina impregnada ya de aromas a sopa, y va a buscar el coche a una cuadra. Vuelve por el equipaje que ha dejado en el pasillo y una vez cargado, se sienta al volante, arranca y el vientre parece querer estallar. Cuarenta y dos kilómetros, mai, el río está crecido y hay buenos vientos, mai. Estaciona el auto junto al muelle de pescadores y espera tres horas hasta que queda desierto. Tan desierto como necesario y merecido después de tanto pisoteo agobiante continuado y a toda hora sin dar respiro.
El dormitorio de Minka huele sólo a fragancias marinas, esa noche es la primera, que estando sola como el Paimún demora para dormirse, hasta que el sueño la vence y el despertador suena. Mai.
Fin
Mue No
Chachai: Voz usada por los chicos para llamar a su padre.
Promauca: Gente salvaje
Ayayema: Deidad que representa los vientos del Noroeste que tumban las canoas.
Sechus: Espíritus traviesos que se divierten cambiando de lugar los objetos de una casa.
Villche: Humanidad
Mapu: Tierra
Ayun: Amor, amante.
Mai: Sí
Menan: Liberarse
3 comentarios:
Un bello cuento que toma su verdadera dimensión cuando se conoce el significado de los vocablos mapuches. Me encantó.
Un relato diferente Adeli, con una protagonista que te va llevando de la mano al recorrido de su historia. Buena idea la aclaración de palabras mapuches, dulcifica el texto. Me gustó mucho, pero mucho.
Un bf.
Iris.
Excelente idea la de incursionar en una de las culturas, originaria de estas tierras.
Hay reivindicación incluso, a través del uso de la lengua, que les es propia.
¡Muy bueno!
Besos,
Alicia.
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