I
Si la tomo por esposa, me demanda,
este cura prolijito y relamido,
repitiendo de memoria antigua prosa,
que lo tiene desganado y aburrido.
Me pregunta si la tomo por esposa,
simulando su fastidio y me sonríe,
yo quisiera replicarle a su pregunta…
“¡Por supuesto señor cura… a eso vine!”
II
Y en la iglesia son mil ojos que me apuntan,
esperando una respuesta más que obvia,
mientras vuelven a mi mente y mis oídos,
las palabras que escuché yo de mi novia.
Dijo ayer entre mil dudas y suspiros,
que hay promesas que se sueltan vanamente,
y que aun con los añillos no es seguro,
que tengamos vida juntos para siempre.
III
Señor cura usted pregunta y yo pregunto,
¿a qué vino esta mujer si no confía,
si se siente del azar su marioneta,
y si piensa que el amor no es garantía?
¿Llegó aquí por un vestido y una fiesta,
o cuidando el qué dirán del mundo entero?
Si ha de darme en el futuro una sorpresa,
señor cura, yo la doy, diré… ¡no quiero!
4 comentarios:
¡¡¡EXCELENTEEEEEEEEEEE!!!!!!!!Me encantó. La forma súper.
¿Cómo comprometerse con alguien que no confía?
Felicitaciones mil!
y pasa que con lo dificil que es que todo resulte bien, si encima ya comenzas con tan poco crédito para que hacerlo, verdad? me encanto la forma en que lo contaste Daniel!!!
excelente!
Buenísimo Daniel, un final más que merecido. Humor del bueno. Me super gustó.
Un bf.
Iris.
Daniel, ¡qué buena y fina ironía en esta poesía.
A lo mejor, deberías incursionar más en este estilo.
¡Me gustó!
Besos,
Alicia.
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