jueves, 14 de julio de 2011

LA TRANSACCIÓN

Casi toda la ciudad había concurrido a los comicios un domingo, y, como siempre sucede,  durante las campañas y los discursos, cada uno de los candidatos, definieron qué era lo que cada uno  deseaba transmitir a los eventuales electores. Electores,  que al fin y al cabo resultan  evaluadores de gestiones, o palabras. Evaluadores de los qué, y los cómo para ver cómo sigue la vida de la comunidad.
Según  el punto de vista de la dama  a quien de vez en cuando consulto sobre algunos temas y que estaba bebiendo un café a la vuelta de la escuela donde  debía votar  en esa hermosa mañana dominical, en confianza, y sin ánimo de  violar la veda, porque no me expresó a quién votaría, ni,   pertenecía a ningún partido,  el hecho más importante del día,  consistía en  asistir a emitir su voto. Consideraba ella, ese  acto, un éxito de toda la población del país, después de tantos  años de  impedimentos.  A su criterio  ameritaba festejar, sí, celebrar el acto de la libre expresión en las urnas, según la particularísima convicción de cada uno.
Aunque no le pregunté, me recreó entre sorbo y sorbo, con su  visión del asunto.  Había para ella uno de los candidatos que había preferido diseñar la campaña exhibiendo  día a día,  y casi puerta a puerta,  lo que había hecho durante los tres años y medio,  lo que estaba haciendo en  favor de los ciudadanos del distrito, sin dejar de mencionar lo que restaba hacer,  y sin  prestar atención él,  al estilo que  identificaba a sus adversarios. Sus adversarios, imposibilitados de exhibir obras por no haber estado en funciones –debido a que el electorado en los comicios previos, no había optado por ellos– eligieron como herramienta, cada uno con sus particularidades,  la negación  de las obras  realizadas, todas visibles,  y el cuestionamiento sobre lo que no se había hecho. Con una serenidad a todas luces envidiable, la dama, insistió una vez más en que en definitiva, sería la población del distrito, quien evaluaría los qué y los cómo.
Conocidos los resultados,  más del cuarenta y siete por ciento de la población reconfirmaron la gestión de quien estaba  en el gobierno, quedando en segundo lugar  uno de los candidatos, aunque  a veinte puntos de diferencia, y repartiéndose el resto de los votos entre una diversidad de aspirantes a gobernar el distrito.
Los ciudadanos del distrito electoral, todos y  cada uno, individualmente,  habían pensado,  analizado  y elegido, lo que les resultaba la mejor opción, en tanto   receptores y destinatarios de obras y/o  discursos. 
Con sorpresa vio a posteriori, el cuarenta y siete por ciento de los ciudadanos que optaron por  quien resultó ganador por amplísima mayoría,  que algunos de  los adversarios  que habían utilizado un particular estilo de campaña refiriéndose al candidato,  reconocieron sus propios  errores de campaña, mientras otros, no los reconocieron y atribuyeron  el resultado adverso a la composición del electorado del distrito.
Reflexionaba esta dama,  y se preguntaba si a partir del resultado, recién comenzaban a reflexionar sobre la composición del electorado.
¿Qué hicieron entonces algunos? Diversas reacciones se notaron durante algunos días, dentro de la clase política, dentro de  los intelectuales,  dentro de la cultura.  Pareciera que, la cultura a la tolerancia ante las diferencias, aún no logra desarrollarse, al contrario. Ha expresado  alguien que canta por escrito, acaso sirviendo a intereses de algún adversario, su sentimiento de asco al cuarenta y siete por ciento del electorado que confirmó una gestión en un determinado distrito.  Decía esta dama, que el sujeto dicente, a su entender  tiene todo el derecho   de expresar  el sentimiento de asco que invoca hacia casi la mitad  de la población de un distrito. Mientras, se preguntaba esta dama también, qué opinará el cuarenta y siete por ciento del electorado, sobre sus dichos, sobre la intencionalidad de sus dichos, sobre a quién sirven esos dichos, y  también se preguntaba, si acaso no formaban parte esos dichos de algún repertorio  muy ensayado intentando servir como siempre a quienes pagan y de quienes él también  se sirve.

Desde  Reflexiones  y para ustedes, Roxon Cuevas.

2 comentarios:

Daniel Angel Ríos dijo...

Hay algunos tipos y tipas (como se dice en estos tiempos) que individualmente me dan asco un ciento por ciento (y no un 47%). Estos sujetos generalmente viven cercanos al poder, o son el poder mismo, y están forrados en billetes de dudosa procedencia, y son de libre circulación -me refiero a los tipos y no a lo billetes-, cuando en realidad tendrían que estar presos y presas (como se dice en estos tiempos).
De todas formas, estos miserables argentinos y argentinas (como se dice en estos tiempos), continúan asqueándose por quienes no piensan como ellos, haciendo gala de un asqueroso fanatismo político y suponiendo que son inmunes a todo, incluida la justicia, y tal vez en las actuales condiciones tengan razón, pues la justicia nada hará en contra de ellos -me refiero a la justicia de los hombres-, salvo que estemos hablando de otro tipo de justicia, y ejemplos en este sentido hay a montones entre esos tipos y tipas (como se dice en estos tiempos).
La conclusión que hago desde mi asco hacia estos indeseables (¿e indeseablas?) es que hay algo que todos tienen en común, y es su gusto por los billetes, que en definitiva son lo único a lo que ellos no les tienen asco, provengan de donde provinieren, aun cuando sea de ese “asqueroso” 47%.
Daniel.

Mercedes Raquel dijo...

Sin dudas el artista le vende su alma a su mecenas, pero lo que no piensa es que un día ese mecenas ya no estará y necesitará del resto, ese resto que le da azco, entonces me pregunto que hará volvera a su Rosario que siempre le quedo cerca, o acaso vendera su alma al proximo mecenas y ya... De lo que no cabe dudas es que no se puede pensar diferente a ellos... eso de conmigo o sinmigo les quedo marcado a fuego.. jajajaja...