lunes, 11 de julio de 2011

HIJO DEL SUEÑO Y DE LA NOCHE

Es el loco carnaval. Fiesta en las calles, alegría, burla, disfraces…
Un hombre vestido de arlequín corre por entre las comparsas del corso callejero, oculto tras una máscara. En su mano izquierda porta una vara que en el extremo tiene la cabeza de un muñeco, símbolo de la locura.
No sé quién es, pero la gente al verlo le abre el paso precavida tratando de evitar su mirada enajenada. “Es el amo de la sátira hiriente, del sarcasmo cruel y de la más despiadada ironía”, dice una mujer disfrazada de puta al tiempo que se santigua en medio del festejo pagano.
No sé quién es, pero un hombre con atuendo de general y veinte medallas en el pecho, pasado de alcohol me susurra que se trata del hijo del Sueño y de la Noche, del dios de los escritores y de los poetas, y que su nombre es Momo, el rey de la burla.
Ahora sé quién es. Él me mira y cuando yo lo observo, introduce la mano derecha en un bolsillo de su traje de arlequín, y saca un puñado multicolor de papel picado que me arroja a la cara, mientras grita, “¡confeti!... ¡confeti!”… La gente ulula y no entiendo por qué, pero lo comprendo cuando cada pedacito de papel se transforma en una abeja africana que se abalanza furiosa sobre mí. Me cubro, cierro los ojos horrorizado pero… no recibo picadura alguna. Cuando vuelvo a mirar el papel picado aún cae sobre el piso y las abejas no están. Entonces escucho la risa guasona de aquel extraño sujeto.
Diez metros más allá, una niña disfrazada de hada mira al rey Momo y éste le arroja un puñado de papel picado. Otra vez grita, “¡confeti!... ¡confeti!”… y los pedazos de papel se juntan corporizándose en un roble gigantesco que amenaza abrazarla con sus ramas tenebrosas. La pequeña se asusta aferrándose a su madre, y el árbol se deshace con la leve brisa nocturna. Momo vuelve a reír triunfante.
Seis pasos largos, y el dios de quienes se entregan al jolgorio y a los excesos arroja otro puñado de papel picado. Esta vez al pasar junto a un hombre vestido de mujer. “¡Confeti!... ¡confeti!”… y los papeles se transforman en un dragón gigantesco que se planta frente el travestido y lanza una bocanada de fuego arrebatador. El agredido da un salto hacia atrás espantado, pero el dragón y las llamas vuelven a convertirse en papel picado. Momo ríe nuevamente con descaro.
De esto que te cuento han pasado ya varios años, pero hoy, en mi celda de paredes acolchadas, cada vez que te apareces ante mí… amada mía, regreso a una lejana noche de carnaval, y vuelvo a ver a las abejas entrando por la ventanilla de mi auto, y siento el dolor en mis ojos, y distingo al roble y al coche envuelto en llamas, y a tu frágil cuerpo de alquiler calcinado dentro, y encuentro el mío sangrante tirado sobre la carretera, y a un soldado con copas de más tratando de ayudarme, y aunque afino el oído... amada mía, no logro escuchar la risa burlona de Momo. Y aunque busco a mí alrededor... amada mía, no puedo encontrar al maldito puñado de papel picado. ¡Confeti!... ¡Confeeetiiiii!…

***

Fénix
¡Hasta el próximo cuento

3 comentarios:

Adela Inés Alonso dijo...

Cuentísimo Daniel, quizá debió ser el de apertura del blog. Amada inspiración, que lleva a la escritura que yace en la imaginación que sí puede, siempre puede, encontrar el modo de protegerse de esas partículas misteriosas que intentan transformar la fiesta, en decepción.

Iris Leda dijo...

El juego macabro de una noche de carnaval, en el que la fantasía y la metáfora se unen para deleite del lector. Un excelente relato Daniel. Me super gustó.

Un bf.

Nuria dijo...

Un bello ejemplo de lo onírico, el delirio. Imágenes muy bien delineadas.
¡Muy interesante!
Beso,
Alicia.