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viernes, 3 de mayo de 2013

VIGILIA




Me resistía a ir, pero por esa cosa humana que nos habita, a pesar del miedo, ahí estaba yo, entregada otra vez. Por qué tenía que estar pasando por todo esto,  con cientos de planteos tan repetidos como inconducentes.
No tenía un libro a mano. Comencé a respirar hondo y a tratar de sentir mis pies, las piernas, lo que pesaban mis rodillas.
 La oscuridad de la noche, sin luna ni estrellas y con una tormenta en ciernes que auguraba arrasar con todo, no dejaba ver casa alguna, ni si estábamos cerca de algún poblado,  o dónde encontrar algún indicio de vida  humana que no fuéramos nosotros. 
Paula, del lado del volante, fue quien se desató luego de miles de forcejeos para quitarse luego  la venda apretada que le cubría los ojos. Luego nos liberó. A Esteban amarrado  en el centro, primero,  luego a mí, arrumbada contra la puerta derecha. Las llaves del auto no estaban.
Me maldije por haber cambiado de cartera. En la de cuero marrón siempre llevo una linterna, porque nunca se sabe,  pero en un sobre  pituco con los que se va a una fiesta, a nadie se le ocurriría guardar una linterna por más pequeña que fuera.  Al menos Esteban, con su maldito hábito de fumar que tanto criticamos siempre, esta vez nos había salvado.
 Bajamos las ventanillas y muy cerca, habían estado cortando el pasto quizá ese día, o el día anterior. También habían estado quemando hojas. Había un árbol  que por la altura y la forma que apenas se distinguía, parecía un eucaliptus junto a la cuneta. Y alrededor  nada. Pasto y campo y nada.  Relámpagos y nubes, truenos y  tierra levantándose con  la lluvia que parecía aproximarse a pasos agigantados.
Por las puntadas en la espalda y el ardor en las piernas, nos habían golpeado. Nos habían quitado los relojes, los celulares. No teníamos idea de la hora que era, ni  cuántas horas  habíamos estado inconscientes. Ni si nos habían dormido, o nos habíamos desmayado del susto o del dolor.   Por qué cada uno, tenía un solo zapato puesto. La tela del vestido de Paula hecha trizas.  Las puertas traseras  sin trabas  Por qué las sábanas y la almohada en la luneta.
─Aquí ha habido algún chico ─dijo Paula.
─ ¿Por qué? ─dudó Esteban mirando hacia atrás, apenas pudiendo moverse.
─Por las témperas, las acuarelas, el pincel, el lápiz y el tamaño del delantal tirado ahí.  Debe ser de un pibe de ocho  o diez años. Y, toda esa tinta volcada está queriendo tapar algún rastro. No está totalmente seca.
Dedujimos  que el BM era robado.  Que nada podríamos hacer más que esperar hasta que amaneciera. El coche no  arrancaba, el viento soplaba cada vez más fuerte y el aguacero había llegado.
─ ¿Qué es lo último que recuerdan ustedes? -Con voz  pastosa y entrecortada preguntó Esteban.
─Lo último que recuerdo es que Paula y vos  querían ir al departamento de Yani, y yo  me reía por la hora. Eran eso sí lo recuerdo, las seis de la mañana, por la alarma del celu. Y después me caí, creo. O me hicieron caer.  Y no sé más nada.
─Yo recuerdo que vos gritaste y que Esteban  quiso  ayudarte y después nada, hasta ahora.
─Y yo de eso no recuerdo nada. Sólo que salíamos de la fiesta cuando ya no quedaba casi nadie, que íbamos hacia el estacionamiento y se escuchó una frenada de la hostia.
Teníamos sed y nuestro ánimo vencido. 
No podían abrirse las puertas delanteras, pasé arrastrándome sobre Esteban y traté de recostarme en los asientos traseros. Quise agarrar la almohada pero estaba trabada. Las sábanas parecían estar empapadas de una  gelatina tibia maloliente,  y sentí ganas de vomitar que no pude contener. Abrí la puerta, salí a los tumbos, caí en el barro de rodillas  y la lluvia me empapó.  Entré y  Esteban había prendido un cigarrillo, me mareó el encierro, el recuerdo de mi  primer pucho y el silencio dentro del auto interrumpido apenas por la respiración agitada de Esteban con cada pitada.
No sé quién se durmió primero.
─Che, Esteban, movete, ya es de día, despertate, no llueve, tenemos que empezar a caminar. ¿Y Paula? ¿Dónde está Paula?
Bajamos del coche y su cuerpo inmóvil cubierto con la sábana ahora embarrada, sólo dejaba ver sus piernas magulladas hasta la rodilla.  Esteban levantó la sábana para descubrirla. Quedé sin aliento, sentí un temblor vacío y con la voz me sobresalté.
 “Señores pasajeros nos encontramos próximos  aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Shroeder, en la ciudad de Sierra Grande. Por favor abróchense los cinturones, enderecen sus mesas, coloquen en posición vertical los respaldos de sus asientos y permanezcan sentados hasta que los avisos se hayan apagado.”

Fin




martes, 30 de abril de 2013

IMPRONTA



Sucedió unas semanas antes de que empezara el invierno.
No sé cómo. Ni si fue resultado de un proceso, o de pronto, como ocurren las cosas más importantes en la vida.
La tarde estaba  soleada y  el calor extemporáneo de fin de mayo no daba respiro.   El ruido de  la avenida por ese sin cesar  del tránsito de automóviles y colectivos, el tumulto de la gente y sus apuros, la  bulla de los chicos que venían de la plaza, las voces  monótonas de los vendedores ambulantes; todo, se  colaba por el balcón del living.
Cerré los ventanales y para atenuar el murmullo ajeno al ambiente propio, opté por la dulzura de la Jones y para  mitigar el agobio climático que anunciaba una tormenta necesaria,  encendí el aire acondicionado  y me serví  un té de menta frío.  Caminé unos pasos hasta la biblioteca, me senté,  y  una vez encendida la computadora, vacilé  entre el sudoku, el scrabble  o los mails. Con la frescura de la menta en la boca, el codo izquierdo apoyado y sosteniéndome el mentón con la palma de la mano me pregunté  qué estaba haciendo.
Un haz de luz amarillento acuoso se filtraba por la ventana.
Apoyé la cabeza sobre el respaldo del sillón, prendí un cigarrillo, me recosté mirando hacia el techo como si buscase allí alguna respuesta a una pregunta incómoda que no me había formulado nunca a viva voz. A veces el escenario mudo late más fuerte.
Apagué el cigarrillo estrujándolo contra el cenicero, cerré los ojos y palpé a modo de juego los libros del primer estante  para  elegir uno a ciegas y comenzar a releerlo en el living.
El viento había comenzado a hacer tiritar las persianas, y  despojaba de  hojas a los malvones del balcón.
Sentí frío y apagué el equipo de aire, sonó el teléfono y el visor mostró número desconocido. Sólo supe quién no era. Por eso no atendí.
El teléfono volvió a sonar y de nuevo, el número no estaba identificado. Dejé que sonara una y otra vez.
Me recosté en el sillón.
Abrí el libro  en la página que marcaba el señalador y me resultó un texto desconocido.  Si no estuvieran las acotaciones en los márgenes, si no reconociera mi letra, habría asegurado que nunca había analizado ese párrafo.
“Un día desperté, me incorporé a la cama y sonreí. Ya no sentía dolor. Y de golpe comprendí que la persona justa no existe. Ni en el cielo, ni en la tierra, ni en ningún otro lugar. Simplemente hay personas, y en cada una hay una pizca de la persona justa, pero ninguna tiene todo lo que esperamos y deseamos. Ninguna reúne todos los requisitos, no existe esa figura única, particular, maravillosa e insustituible que nos hará felices. Sólo hay personas. Y en cada una hay siempre un poco de todo, es a la vez escoria y un rayo de luz..."
El teléfono volvió a sonar. Número no identificado. Dejé que sonara una y otra vez.
Amplié y modifiqué mis acotaciones en el margen derecho del párrafo y esta vez, indiqué la fecha, sabiendo que los recuerdos que calan no se olvidan.
Sobrevino de un modo natural, sin reloj, sin forzar la razón. Sin insomnio, sin sueños ni sueño.  Supe aquello que tantas veces me había negado a preguntarme.  No era el contenido ni el fondo.  No. Era el continente y la forma de ser en su existencia aquello que lo hacía irrepetible, único.

lunes, 1 de octubre de 2012

ESPIRAL




Hace tirabuzones con su pelo enrulado del lado izquierdo  durante un rato, y, me acerco porque  sonríe, porque resulta gratificante ver a  alguien sonreír  en la ciudad,  a solas, como si  hubiera  decidido que  lo externo  no   va a invadir su  estado de ánimo. 
El agua,  a pesar de la creciente cerril no llegó hasta la orilla, pero se respira en el ambiente a borbotones como un sudor espeso.
Hace frío  y me pregunto por qué habrá decidido sentarse  justo en el medio de un banco tan largo y   me respondo inmediatamente que yo, hubiera optado por sentarme en uno de los extremos, ya  sea que esperase a alguien, o no.  Es poco el abrigo que lleva puesto dada la escasa temperatura de este septiembre  extraño.
El viento ribereño  juega con sus rulos    y parecen disfrutar del clima.  Me digo que el sol agudo y  húmedo  del mediodía  no le ocasiona ninguna incomodidad por los lentes oscuros  que me impiden ver su mirada.  Me impiden  ver si me ha visto o no.  Me impiden saber si sus ojos son  café o celestes o verdes o  miel. Chispeantes o abstraídos.   Me pregunto  si he de hablarle  para escuchar su voz  y   me digo que no tengo derecho alguno  a  interrumpir eso que le pasa  y que tanto parece disfrutar.  
El agua,  acaso por la hora,  ha comenzado a  retirarse  y huele a septiembre, extraño pero septiembre al fin,  con su inconfundible aroma. 
Enciendo un cigarrillo,  sigo observando  su figura   y su pose que  en todo sentido contrasta con lo  circunspecto de esa poca gente  que va y viene quien sabe hacia dónde sin percatarse de su existencia.  Ni de la mía.   Se recuesta en ese banco largo con un desinterés envidiable  y,  al colocar  sus  manos delgadas cruzadas bajo la nuca, parece haber encontrado  la  posición ideal para  continuar inmutable, acaso en un mundo de sueños  o tal vez en un mundo de realidades inasibles. 
El agua con su sonido líquido en movimiento  ha variado su curso,  su presencia constante,   ahora se desdibuja.
Miro el reloj y  sólo atino a encender otro cigarrillo para regresar mientras me doy cuenta del tiempo transcurrido  que no ha  pasado.

martes, 19 de junio de 2012

EL PUERTO


En este lienzo  imaginario y puro,
tu mirada de cielo busca las estrellas
un lucero, una noche de otoño como es ésta,
bella, me recuerda a  tu sonrisa en junio.

Puritana, la luna   dúctil y curiosa
de este mundo los arcanos atesora,
refleja  ingenua tus manos creadoras,
cincelando  contra el río , tu figura.

Pausada, florece clara  entre las aguas,
y lejana deleita,
no hay prisa alguna para ella,
Si Cézanne ha dicho, pinto lo que veo,
yo digo,
veo lo que pinto cuando pienso,
el pensar y el sentir es un reflejo 
del corazón que piensa cuando siento.

Adela Inés Alonso

viernes, 8 de junio de 2012

LA CENA

Abre con la llave mi puerta tallada,
y entra con las dudas desde otro lugar,
la mesa servida    sin premura alguna
espera  su turno   para  disfrutar
el vino,  los platos, las velas y el pan.

De fértil cosecha y  noble factura,
con aroma intenso a rojo ciruela
viene de las viñas de la cordillera
y será vertido  en este cristal
con esa ternura del fruto y la siembra
que luego es  bebido como manantial.

Porcelana nívea y el mantel bordado,
la entrada de quesos  para degustar
formando un dibujo de solo tres líneas
y uvas en el centro  para acompañar
la espera latente del instante amado
en pocos minutos, con el principal.

Seduce la noche, alumbran las velas
Con Mahler presente, nada a mejorar
Huele a pan horneado,  a roble fecundo,
a frío con luna, a leños, a invierno,
a foto de un junio con sabor a hogar.

martes, 1 de mayo de 2012

Primero de Mayo, "DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES"

El Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo, es la fiesta por antonomasia del movimiento obrero mundial.
Desde su establecimiento en la mayoría de países (aunque la consideración de día festivo fue en muchos casos tardía) por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. Estos sindicalistas anarquistas fueron ejecutados en Estados Unidos por su participación en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas, que tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket.
En la actualidad es una fiesta reivindicativa de los derechos de los trabajadores en sentido general, y se celebra en muchos países.
Llamativamente, en los Estados Unidos no se celebra esta conmemoración. En su lugar se celebra el Labor Day el primer lunes de septiembre desde 1882 en un desfile realizado en Nueva York y organizado por la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor, en inglés). El presidente Grover Cleveland, auspició la celebración en septiembre por temor a que la fecha de mayo reforzase el movimiento socialista en los Estados Unidos.
Los hechos que dieron lugar a esta celebración están contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad en número de habitantes de EE.UU. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.
Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de 8 horas. El hacer valer la máxima: «ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa». En este contexto se produjeron varios movimientos, en 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas. Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de 18 horas, salvo caso de necesidad. Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de 18 horas diarias debía pagar una multa de 25 dólares.
La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor (Federación Estadounidense del Trabajo), inicialmente socialista (algunas fuentes señalan el origen anarquista). En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, ésta había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas, yéndose a la huelga si no se obtenía esta reivindicación y recomendándose a todas las uniones sindicales que tratasen de hacer promulgar leyes en ese sentido en sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de las organizaciones, que veían la posibilidad de obtener mayor cantidad de puestos de trabajo con la jornada de ocho horas, reduciendo el paro.
En 1868, el presidente Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo la jornada de ocho horas. Al poco tiempo, diecinueve estados sancionaron leyes con jornadas máximas de ocho y diez horas (aunque siempre con cláusulas que permitían aumentarlas a entre 14 y 18 horas). Aun así, debido a la falta de cumplimiento de la Ley Ingersoll, las organizaciones laborales y sindicales de EE.UU. se movilizaron. La prensa calificaba el movimiento como «indignante e irrespetuoso», «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestando que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo».
El 1° de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.
En Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormik que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base de esquiroles. El día 2 la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs (amarillos) comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos.
El redactor del Arbeiter Zeitung Fischer corrió a su periódico donde redacta una proclama (que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que le llevó a la horca) imprimiendo 25.000 octavillas. La proclama decía:
Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza! ¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria. Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo. Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas! Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden... ¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís! ¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!
La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el cuatro, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30 en el parque Haymarket. Los hechos que allí sucedieron son conocidos como Revuelta de Haymarket.
Se concentraron en la plaza de Haymarket más de 20.000 personas que fueron reprimidas por 180 policías uniformados. Un artefacto explosivo estalló entre los policías produciendo un muerto y varios heridos. La policía abrió fuego contra la multitud matando e hiriendo a un número desconocido de obreros.
Se declaró el estado de sitio y el toque de queda deteniendo a centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía.
Estos hechos represivos fueron apoyados por una campaña de prensa con citas como:
Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!
La Prensa reclamaba un juicio sumario por parte de la Corte Suprema, y responsabilizando a ocho anarquistas y a todas las figuras prominentes del movimiento obrero.
El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, que luego quedaron en 8. Las irregularidades en juicio fueron muchas violándose todas las normas procesales de forma y de fondo, tanto que ha llegado a ser calificado de juicio farsa. Los juzgados fueron declarados culpables. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a la horca.
Prisión
•        Samuel Fielden, inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil, condenado a cadena perpetua.
•        Oscar Neebe, estadounidense, 36 años, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados.
•        Michael Schwab, alemán, 33 años, tipógrafo, condenado a cadena perpetua.
A muerte en la horca
El 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución de:
•        Georg Engel, alemán, 50 años, tipógrafo.
•        Adolf Fischer, alemán, 30 años, periodista.
•        Albert Parsons, estadounidense, 39 años, periodista, esposo de la mexicana Lucy González Parsons aunque se probó que no estuvo presente en el lugar, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente.
•        August Vincent Theodore Spies, alemán, 31 años, periodista.
•        Louis Lingg, alemán, 22 años, carpintero para no ser ejecutado se suicidó en su propia celda.
Relato de la ejecución por José Martí, corresponsal en Chicago del periódico La Nación de Buenos Aires (Argentina):
...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable...
El Crimen de Chicago costó la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales; no existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.
A finales de mayo de 1886 varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de 8 horas a varios centenares de miles de obreros. El éxito fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo con estas palabras: «Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical».
La hoz y el martillo, símbolo tradicional de los partidos comunistas en el mundo, representa al campesinado y a los trabajadores industriales, respectivamente
La consecución de la jornada de 8 horas marcó un punto de inflexión en el movimiento obrero mundial. El propio Federico Engels en el prefacio de la edición alemana de 1890 de El manifiesto comunista dice:
Pues hoy en el momento en que escribo estas líneas, el proletariado de Europa y América pasa revista a sus fuerzas, movilizadas por vez primera en un solo ejército, bajo una sola bandera y para un solo objetivo inmediato: la fijación legal de la jornada normal de ocho horas, proclamada ya en 1866 por el Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra y de nuevo en 1889 por el Congreso obrero de París. El espectáculo de hoy demostrara a los capitalistas y a los terratenientes de todos los países que, en efecto, los proletarios de todos los países están unidos. !Oh, si Marx es tuviese a mi lado para verlo con sus propios ojos!
En la actualidad
A lo largo del siglo XX, los progresos laborales se fueron acrecentando con leyes para los trabajadores, para otorgarles derechos de respeto, retribución y amparo social. En la última década del siglo esos progresos retrocedieron bajo la influencia del neoliberalismo.
En la actualidad, muchos países rememoran el Primero de Mayo como el origen del movimiento obrero moderno. Hay algunos que no lo hacen, siendo en general países de colonización británica, como Estados Unidos de Norteamérica y Canadá, que celebran el Labor Day (Día del Trabajo) el primer lunes de septiembre; Nueva Zelanda, el cuarto lunes de octubre. En Australia, cada estado federal decide la fecha de celebración: el primer lunes de octubre en el Territorio de la Capital Australiana, Nueva Gales del Sur y Australia Meridional; el segundo lunes de marzo, en Victoria y Tasmania; el primer lunes de marzo, en Australia Occidental; y el primero de mayo en Queensland y el Territorio del Norte.
En 1954 el papa católico Pío XII apoyó tácitamente esta jornada de memoria colectiva al declararla como festividad de San José Obrero. Últimamente se viene denominando a este día como Día Internacional del Trabajo.
 Fuente: Wikipedia

lunes, 23 de abril de 2012

Capital Mundial del Libro 2012: Ereván (Armenia)



La ciudad de Ereván (Armenia) fue designada hoy Capital Mundial del Libro para el año 2012 tras la reunión, en París, de un comité de selección compuesto por representantes de las tres principales asociaciones internacionales del sector del libro y la edición así como de la UNESCO.
Ereván es la duodécima ciudad designada Capital Mundial del Libro, después de Madrid (2001), Alejandría (2002), Nueva Delhi (2003), Amberes (2004), Montreal (2005), Turín (2006), Bogotá (2007), Ámsterdam (2008), Beirut (2009), Liubliana (2010) y Buenos Aires (2011).
La elección de la ciudad de Ereván viene principalmente motivada por la calidad y la variedad del programa propuesto, “muy detallado, realista, anclado en el tejido social de la ciudad, centrado en aspectos universales y con la intervención de todos los actores de la cadena del libro”, según los miembros del comité de selección.

“Felicito a la ciudad de Ereván, que ha presentado un programa particularmente interesante, con numerosos aspectos temáticos, como la libertad de expresión, y también varias actividades para los niños, que son los lectores y los autores de mañana”, declaró la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova. “Movilizar a todo el sector del libro y la lectura, desde los autores a los impresores y los editores sin duda contribuirá a asegurar el éxito del programa y tendrá repercusiones duraderas para Ereván”, agregó.

Todos los años, la UNESCO y las tres principales organizaciones profesionales internacionales del sector del libro y la edición –la Unión Internacional de Editores (UIE), la Federación Internacional de Libreros (FIL) y la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA)– designan conjuntamente una ciudad para que desempeñe la función de Capital Mundial del Libro en el intervalo entre dos celebraciones sucesivas del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor (23 de abril). Esta iniciativa evidencia la colaboración entre los principales organismos relacionados con el libro, y, al mismo tiempo, el compromiso de las ciudades en la promoción del libro y la lectura.

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Más información: www.unesco.org/culture/bookcapital

sábado, 14 de abril de 2012

LA FERIA DEL LIBRO

Estará  abierta para todo público desde el jueves 19 de abril hasta el lunes 7 de mayo, feriados inclusive, y en los siguientes horarios:
·         Jueves 19 de abril, de 18:00 a 22:00
·         Domingos a jueves, de 14:00 a 22:00
·         Viernes y sábados, de 14:00 a 23:00
·         Domingo 29 de abril, de 14:00 a 01:00, horario extendido
por celebrarse La Noche de la Ciudad en la Feria del Libro
·         Lunes 30 de abril, de 14:00 a 23:00

La Noche de la Ciudad

Domingo 29 de abril
Por una sola noche, la Feria permanece abierta hasta después de la medianoche y prepara muchas sorpresas para compartir con sus visitantes. En un clima de fiesta, se realizan shows, concursos, juegos, sorteos, firmas de libros, narraciones y espectáculos al aire libre. Una oportunidad única para recorrer de otra forma este megauniverso de libros y participar de una oferta de actividades originales, alegres y espontáneas. Organizada en conjunto con el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
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La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, es una verdadera ciudad de libros, un catálogo nacional e internacional de industrias editoriales y una fiesta de la cultura. Desde 1975, año en que se realizó por primera vez, fue adquiriendo importancia creciente, hasta convertirse en la muestra más importante de Latinoamérica y destacado referente a nivel mundial; convocando a más de un millón de asistentes cada año.

Antecedentes

Con anterioridad a la Feria Internacional, hubo en Buenos Aires exposiciones y ferias de libros. La del año 30 en la Plaza de la República, es quizás la más recordada. Hubo otras en paseos, parques y en el Cabildo de Buenos Aires.

Primera etapa: El libro sale en busca del lector
En el año 1971, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) comenzó un plan que tenía como premisa encontrar el medio más hábil para la difusión del libro. Es así que organizaron (durante los años 72, 73 y 74) 35 ferias de libros en las calles, parques y plazas de Buenos Aires y en algunas ciudades del interior.
Todas estas ferias callejeras eran algo más que lugares de ventas de libros. Se levantaban tablados donde se leían poemas, se hacía ballet, música, representaciones teatrales, etc. Al mismo tiempo en las bibliotecas públicas municipales se dictaban conferencias como extensión de estas exposiciones. Las ferias se pusieron bajo distintas evocaciones (la semana de la poesía, etc.)

Segunda etapa: El lector busca su libro

En el año de 1974, la SADE convocó a las Cámaras editoras (Cámara Argentina del Libro, Cámara Argentina de Publicaciones, Sector de libros y revistas de la Cámara Española de Comercio), Argentores y la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines, para organizar una feria “internada”, en donde el público iba en busca del libro. A estas entidades se añadió la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines.
La organización fue durante varios años la de una sociedad de hecho, hasta que en 1985 se convirtió en la Fundación El Libro, entidad civil sin fines de lucro constituida por las entidades mencionadas anteriormente.
Fueron habitués de nuestra Feria escritores argentinos de la talla de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Bullrich, María Esther De Miguel, Marco Denevi, Ernesto Sábato, Tomás Eloy Martínez, Roberto Fontanarrosa, Beatriz Guido, Manuel Mujica Láinez y Olga Orozco.
Además participan asiduamente Quino, Abelardo Castillo, Alicia Steinberg, Vlady Kociancich, Andrés Rivera, María Esther Vázquez, Liliana Heker, Santiago Kovadloff y Sylvia Iparraguirre entre tantísimos otros escritores de nuestro país.

Más información:
http://www.el-libro.org.ar/

CADENAS Y CRUCES

Espero el  taxi justo ahí, en la intersección de  las calles Independencia y Solís,  en esta  ciudad hermosa a la  que siempre  quise y cada día quiero más. Adorable contra viento y marea, aunque  no todos piensan como yo; me gusta que así sea, para nadie indiferente, discutida, porque la diversidad  es siempre enriquecedora. 
Es domingo y  aunque el semáforo habilita a los peatones inhabilitando el paso de todo medio de transporte,  incontables  colectivos  completos con la hinchada de un  club de fútbol avanzan  a toda velocidad ignorándolo. Van con custodia  quizá, debido a  quien ha sido el rival en  el partido.  El  señor que  conduce el taxi, se detiene para que  yo ascienda y ni bien me siento,  me explica que le han robado el partido a los custodiados hablando  del poder de la iglesia con una convicción admirable y una verborragia digna de ser escuchada sin entender yo,  cómo es que concatena una idea con la otra.   Me habla de  uno de los clubes de fútbol, justamente del rival de los custodiados de ese día,   y de su otrora dirigente cuando se retiró con todos los laureles por la exitosa gestión llevada a cabo, y, como si fuera poco lo que ya había dicho, me aclara que le consta que ese buen hombre  nunca había sido simpatizante de ese cuadro. Que las intenciones de la iglesia,  apuntaban a que fuera presidente del país, y que para lograrlo era necesario que fuera bien conocido y   valorado por parte del pueblo,  porque no hay mejor cosa que ser valorado y bien conocido  por los simpatizantes de ese club que siempre se ha dicho, resultan ser la mitad más uno.  
-¿Usted, simpatiza con algún cuadro? Me interroga dándose vuelta como si no fuera él quien debiera conducir, y al momento de esperar la respuesta me observa  por el espejo retrovisor que previamente acomoda con un gesto inocultable para que perciba yo, que va a mirarme cuando le conteste. Le dije que adoro a los cuervos y apenas sonrió, como si él fuera de Huracán.
Vuelve a concentrarse en el tránsito de ideas y   me explica  también el señor sin que nada le pregunte yo, de nada,   que la muerte intempestiva de un ex  mandatario  de la nación,  estropeó los planes de la iglesia.   Que esa muerte intempestiva contrariamente a cómo se ventiló,  fue el resultado de un asesinato tapadito, y, que  quizá pasaría un siglo hasta que se supiese.  Que la historia  siempre pinta mentiras,  y, que la gente siempre cree las mentiras porque las pintan lindas, y es cómodo creer y para cómodos no hay como los humanos.   Aclara que  el  exmandatario aunque casi a cargo del mandato,  estando con vida todavía esa noche, había sostenido una conversación telefónica con uno de los sindicalistas más controvertidos,  y,  que durante la  charla,  el sindicalista había   sugerido que  podía suceder si no cambiaban,  lo mismo que le había sucedido a Allende. El único gremio que había podido parar el país y torcer el brazo a su gobierno, había sido el que agrupaba a  los trabajadores del mismo gremio que él representaba.  El  ex mandatario según la versión del taxista,  le había  solicitado entonces al jefe sindical que se presentase  para discutir el tema cara a cara.  Y así habían quedado. Pero sucedió algo extraño, me dijo. Según las palabras del señor al volante,  al poco tiempo de la conversación entre ellos,   en el despacho  en el que se hallaba el ex mandatario se escuchó un disparo, un disparo que mató al  entonces exmandatario  aunque a cargo del mandato.  
¿Suicidio?  Me preguntó mirándome otra vez por el espejo retrovisor. No, según la versión del taxista se trató de un homicidio, de un disparo que dio en la cara del  ex mandatario. Y  aunque usted no lo crea, aseguró,  fue por eso que lo velaron a cajón cerrado. No es que no había cuerpo en el cajón, no, no, no. No es que esté vivo, como cree parte de la gilada, no está vivo ni disfrutando por ahí de la guita que se afanó de la provincia.  Está más muerto que Maquiavelo, eso se lo aseguro yo. Bueno es una forma de decir que Maquiavelo está muerto, a decir verdad Maquiavelo, nunca estuvo más vivo que ahora ¿no le parece?
Siguió hablando de corrido, como  si leyera un libro. De ese modo, quien estaba a cargo del mandato y a quien consideró  innombrable,   por esas cosas de lo que no se sabe pero sí,  recobró  en un santiamén  el  afecto y la credibilidad que  de los votantes había perdido.  No hay mejor remedio  según dijo, que  siendo una persona pública en picada, transformarse en víctima. Víctima con vida por la muerte de alguien tan cercano, para sin más  pasar a ser alguien  a valorar y a apoyar,  haga lo que haga y diga lo que diga.  Y  según sus palabras, dichas como si hubiera sido testigo y parte de la escena que relataba,  haber ventilado el homicidio habría provocado   más que desorden, una extrema  gravedad institucional.
Respiró y casi sin comas, continuó con el relato. A partir del hecho luctuoso   la historia se dio vuelta y la falta de  credibilidad se convirtió  en apoyo ciego porque acá somos todos giles.   En paralelo, el  candidato  a presidente que apoyaba la iglesia, y la iglesia lo apoyaba y lo apoya porque  siempre se ha dicho que su padre  ha sido  y es testaferro de la curia,  a partir de esa nueva situación,  no  iba a tener chances de ganar en la contienda electoral para presidente.  Convengamos –me dijo como si yo hubiera asentido en algo, lo que decía- que quien se candidateaba  no sólo estaba al mando con el poder  y la guita que el mando da,  sino que había sido víctima al tener que  cambiar, debido a la muerte, de un día para otro,  de estado civil y estrenando viudez. Y  las víctimas,  cuando además  quedan encuadradas dentro del género al que todo el mundo se opone y  que tanto siempre invocó, y con hijos,  siempre ganan, con lágrimas  verdaderas o de cocodrilo.  Así las cosas, -dijo el señor que parecía estar preparado para dar un discurso-  esto instó a que  la iglesia tuviera que modificar y  hacer que su  candidato se  bajara de esa contienda y se postulara  para gobernar ya no la nación  sino  uno de los distritos más importantes, donde además  la víctima, ni el partido al que pertenecía, jamás tendría mayoría.
Aunque la trenza es grande, me dijo, ¿usted se puso a pensar alguna vez cuántos mechones hacen falta para trenzar? Creo que tres –le dije yo, con timidez- . Sí bueno, sí y no. Izquierda  centro y derecha, mechones finos cortos o largos  y lo mismo con los gruesos,  créame, porque esta es una  trenza cocida, señora, y muy muy difícil de deshacer, imposible creo. ¿Y sabe por qué?  Muy sencillo, no me va a decir que no se le ocurre… imposible de desarmar porque están las manos santas de la iglesia siempre tejiéndola...
-Me bajo en la esquina señor.
-Tenga cuidado cuando cruce, mire que  hay cada loco manejando…
Crucé y me senté a tomar una copa de vino en el bar de Fichte, la necesitaba,  en las mesas de afuera para poder fumar. La noche  de otoño, el recuerdo de la mirada tan dicente del checo;  el ruido citadino al borde de la avenida, la música proveniente de Shalis; el aroma de los jazmines que quien sabe de dónde Don Javier consigue aún en esta época para vender en ese puesto eterno abierto las veinticuatro horas,  el  quiosco de Carlos exhibiendo siempre el mismo cartel  no se fía  carente del acento en la i sin corregir,  porque dice que todos entienden igual;  el menjunje de temas y de voces, de acentos, de todo, a pesar de faltar unas pocas horas para el lunes, me hicieron pensar mientras caminaba esos pasos hasta llegar a casa, que Buenos Aires, es y siempre va a ser un encanto. De los que hechizan.

Fin