Cuando lo supe creí que no me afectaba por tanto que lo había supuesto o intuido presentido, qué se yo; quizá fuera cierto que los mecanismos de defensa se disparan sin que nos demos cuenta para que el golpe no se sienta.
Signos, símbolos, síntomas y sé que si hubiera estado con otro ánimo, similar al que solía, ese de jugar con las letras, al hecho de que cada una de esas palabras, comenzase con la ese y la i, le habría dado una connotación positiva; pero esos tres si desenlazados pero correlativos eran lo más negativo que podía sucederme, por mucho que lo hubiera presentido.
Signos, símbolos, síntomas y sé que si hubiera estado con otro ánimo, similar al que solía, ese de jugar con las letras, al hecho de que cada una de esas palabras, comenzase con la ese y la i, le habría dado una connotación positiva; pero esos tres si desenlazados pero correlativos eran lo más negativo que podía sucederme, por mucho que lo hubiera presentido.
Me fastidió que Valentina lo supiera, que Ezequiel lo supiera. Que Andrea lo supiera. Me desequilibró, sí, más que la cuestión inevitable, me fastidió que lo supieran e hicieran como que ninguno sabía nada.
Pensé en hacer una reunión en casa a modo de despedida. Y me imaginé recibiéndolos parada en la puerta y sonriente.
Pensé en escribirle a cada uno.
Pensé en escribirles un texto a los tres, que en definitiva, estaban actuando en bloque.
Pensé en seguirles ese juego que habían inventado, ese maldito juego en el que no se habla de lo que se tiene que hablar.
Pensé sin saber para qué, pero lo pensé, en ir caminando a la iglesia después de más de veinticinco años.
Pensé en pedirle a alguien que me llevara al campo de Jeremías.
Pensé en la amistad en abstracto, y no le encontré sentido alguno.
Pensé en mi amiga Valentina, en mi amigo Ezequiel y en Andrea. Y los sentí lejos y alejándose.
Pensé en Yamil que ya no estaba y en cómo lo hubiera necesitado.
Pensé en mi amiga Valentina, en mi amigo Ezequiel y en Andrea. Y los sentí lejos y alejándose.
Pensé en Yamil que ya no estaba y en cómo lo hubiera necesitado.
Pensé en qué hacer, en cómo seguir.
Pensé en mí y ya no pude evitarlo, me proyecté en lo que venía negando, en mis evasiones tan necesarias y al mismo tiempo tan poco suficientes para no sentir.
Sentí que nunca nada había tenido sentido, que el sentido era también un invento con el que a veces se transita, cuando habiendo tenido piernas, se puede caminar.
Sentí que me mataba el impulso, las ruedas y los frenos. Sentí sabiendo que siempre había querido volar. Sentí la lasitud de la lluvia, lo efímero del granizo, el bullicio viscoso y por fin, la densidad de la vereda.
Sentí que nunca nada había tenido sentido, que el sentido era también un invento con el que a veces se transita, cuando habiendo tenido piernas, se puede caminar.
Sentí que me mataba el impulso, las ruedas y los frenos. Sentí sabiendo que siempre había querido volar. Sentí la lasitud de la lluvia, lo efímero del granizo, el bullicio viscoso y por fin, la densidad de la vereda.
Fin
3 comentarios:
Adela es muy profundo tu texto.
Creo que rescato como sumo valor: el sentir. ¡Estás viva! a como dé lugar.
¡Muy bueno!
Beso,
Ali :)
Un texto que disparó en mí pensamientos como estos:
-¿Qué supo el protagonista?
- Signos, símbolos, síntomas... ¿de qué cosa?
-¿Qué sabían Valentina, Ezequiel y Andrea, y por qué lo callaban?
-El protagonista Imaginó una despedida. ¿Se iría?
-“Pensé en mi amiga Valentina, en mi amigo Ezequiel, y Andrea”... -dice el relato- ¿entonces Andrea no era una amiga?
-¿Será hombre el protagonista, o mujer?
-¿Será un hombre engañado por Andrea, su esposa, traición de la que sabían Valentina y Ezequiel?
-¿Será una mujer la que habla, y Andrea la amante de su marido?
-¿Quién habría sido Yamil? ¿Un amigo? ¿Un hermano?
-¿Por qué no estaba Yamil? ¿Habría muerto, se habría marchado, o qué?
-“Pensé en cómo seguir” -dice- entonces lo que venía presintiendo y los demás callando, era algo trascendente. Tanto que pensó en alejarse de los amigos que nunca hablaron del tema.
-“cuando habiendo tenido piernas, se puede caminar” - ¡Ah! Se trataba de una enfermedad incurable que le costó las piernas, o la parálisis. Por eso la negación y las evasiones antes del desenlace de la enfermedad. Ahora entiendo eso de pensar sin saber por qué en ir a la iglesia, o que alguien la o lo llevara al campo de Jeremías. ¿Quién o qué será Jeremías, una persona o el nombre de un lugar?
-“Sentí que me mataba el impulso, las ruedas y los frenos. Sentí sabiendo que siempre había querido volar. Sentí la lasitud de la lluvia, lo efímero del granizo, el bullicio viscoso y por fin, la densidad de la vereda”. ¿Y ahora qué?... ¿impulso, ruedas, frenos, lluvia, granizo, vereda?... ¿No era lo que pensé, sino otra cosa? ¿Qué era, entonces, una silla de ruedas o un accidente automovilístico? ¿Hablaba una persona o el espíritu de un muerto -los espíritus no tienen piernas?
Y el cuento terminó dejándome con un sinfín de nuevas preguntas sin responder. Suponiendo que fuera un accidente, ¿hacia dónde iba el protagonista? ¿Tenía algo que ver el viaje con lo que callaban sus amigos? ¿Y qué era lo que callaban?...
¡En fin!... que me dejó este cuento una serie de sensaciones distintas, y como dije, varias cosas por resolver, ¡yo!, que no soy el autor, y para mi gusto eso es lo mejor del cuento. Hay que revolver en él para descubrir los infinitos misterios que guarda.
Me encantó.
PD: también puede que siendo todo evidente, mi intrincado cerebro haya maquinado cosas que no existen, pero aún si así fuera, el mérito de lo escrito no cambia, pues en todo eso me hizo pensar.
Tu protagonista piensa, siente y se da cuenta. Nada más y nada menos.
Excelente texto Adeli.
Un bf.
Iris.
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