No hay nadie y sobre una mesa
hay un vaso facetado que parece
retener la última luz de la tarde
Un pucho se muere lentamente
en un cenicero junto al vaso
y el hilito de humo parte al cielo
como vos partiste de mi vida
Entro y lo que queda de luz y de humo
me parece que conforman tu cara
tus labios y tu sonrisa tan lejana.
Hay aún luz del atardecer en el vaso
El mozo me pregunta qué deseo
y yo digo que nada, ya me voy
Salgo y me llevo conmigo
esa luz naranja de la tarde
como un rescoldo que me da calor
como una luz que me mantiene vivo.
4 comentarios:
Cuando un amor se va de la vida, cualquier cosa puede servir como para recordar y mantenerse vivo. Así lo dice tu poesía, y así es, realmente.
Me gustó. Felicitaciones.
Hermosa poesía Osvaldo.
Un bf.
Iris.
Preciosamente triste y melancólico. Entre el "no hay" y el "hay", una serie de hermosas imágenes se transfieren al lector. La imagen del pucho muriéndose me encantó, como también la luz naranja de la tarde.
Un beso,
Adela
¡Bien Osvaldo! La vida se pinta de todos los colores; de anaranjado, también. Muy buen manejo de las imágenes.
¡Me gustó!
Saludos,
Alicia
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