Mariza caminaba entre las cajas de la mudanza, que se encontraban desparramadas por toda la casa, pero no al azar ojo. Ella tenía una maestría en mudanzas, el haber tenido que acompañar a su ex-esposo por tantas ciudades en sus quince años juntos, le había dejado esa enseñanza, cada caja tenía una gran etiqueta que indicaba en que cuarto debía ser dejada, así el acomodar luego cada cosa en su lugar se hacía una tarea más liviana…
La noche la había tomado por sorpresa, así que decidió buscar la caja de los pertrechos y allí encontró una pava y unas cajas de sopas instantáneas, latas de atún y pan, con todo ello preparó una rica cena. Abrió un vino, y en medio de las sala a media luz tirada en el piso, volvió a sentir el aire entrar en sus pulmones como cuando era niña y se sentaba en el piso de la sala a mirar tele, pensó con una sonrisa plena y brillo en su mirada ¡ésos sí que fueron días felices!… una casa con perfume a comida casera, el eucalipto que su madre colocaba en una ollita sobre la estufa para que perfume en invierno todo el ambiente, la canela sobre la crema y el café, el chocolate caliente que su padre les hacia los domingos, el correr a sus hermanos en alguna gresca de un ratito… comer caramelos de coco, con su hermana mientras miraban una película, y suspirar por el galán de moda. Junto a esos recuerdos vino el de galletitas recién horneada que hacían cuando su hija era pequeña, y adoraba cocinar con ella, hoy su hija ya tiene veinte años y es una gran estudiante de cocina en Francia, y sólo se ven en cada oportunidad en que un avión las acerca en viajes fortuitos, en navidad o para el cumpleaños de ella. Abrazó su almohada, queriendo que fuera él, pero no lo era… subió la escalera feliz de saber que sería la última noche que dormiría en su cuarto sola, como lo había hecho en los últimos siete años, el amor de su vida llegaría en la mañana y esta casa de seguro tendría el perfume de aquella infancia. Escucho ladrar al perro y sonrió pensando cuantos años habían soñado lo del perro, lo del niño que llevaba en su vientre, y lo de la casa con jardín. Y hoy después de mucho tiempo podía disfrutar de lo soñado, y en volver a vivir días felices. Y al final del año cuando finalizará la escuela de cocina, se sumaría su hija para que esta familia esté al fin completa…
La noche la había tomado por sorpresa, así que decidió buscar la caja de los pertrechos y allí encontró una pava y unas cajas de sopas instantáneas, latas de atún y pan, con todo ello preparó una rica cena. Abrió un vino, y en medio de las sala a media luz tirada en el piso, volvió a sentir el aire entrar en sus pulmones como cuando era niña y se sentaba en el piso de la sala a mirar tele, pensó con una sonrisa plena y brillo en su mirada ¡ésos sí que fueron días felices!… una casa con perfume a comida casera, el eucalipto que su madre colocaba en una ollita sobre la estufa para que perfume en invierno todo el ambiente, la canela sobre la crema y el café, el chocolate caliente que su padre les hacia los domingos, el correr a sus hermanos en alguna gresca de un ratito… comer caramelos de coco, con su hermana mientras miraban una película, y suspirar por el galán de moda. Junto a esos recuerdos vino el de galletitas recién horneada que hacían cuando su hija era pequeña, y adoraba cocinar con ella, hoy su hija ya tiene veinte años y es una gran estudiante de cocina en Francia, y sólo se ven en cada oportunidad en que un avión las acerca en viajes fortuitos, en navidad o para el cumpleaños de ella. Abrazó su almohada, queriendo que fuera él, pero no lo era… subió la escalera feliz de saber que sería la última noche que dormiría en su cuarto sola, como lo había hecho en los últimos siete años, el amor de su vida llegaría en la mañana y esta casa de seguro tendría el perfume de aquella infancia. Escucho ladrar al perro y sonrió pensando cuantos años habían soñado lo del perro, lo del niño que llevaba en su vientre, y lo de la casa con jardín. Y hoy después de mucho tiempo podía disfrutar de lo soñado, y en volver a vivir días felices. Y al final del año cuando finalizará la escuela de cocina, se sumaría su hija para que esta familia esté al fin completa…
4 comentarios:
Hay en las mudanzas, quizá por la innovación que implican que conllevan a veces redescubrimientos de toda índole, un inevitable revolver de pedacitos de pasados lindos. A veces creo, que si no fuera por esos pedacitos lindos que nos recuerdan siempre quiénes fuimos o lo felices que éramos, una jamás se mudaría. Pero, se extrañan los momentos felices, los aromas dulces, lo gánico, y acaso por eso, tu Mariza, vital, logra escuchar ladrar al perro y sonreír en la espera de lo completo.
Los cambios generan recuerdos. Hermoso relato Merce, los días felices de la protagonista volverán a repetirse en tanto ella lo desee. Real y emotivo tu relato, me super gustó.
Un bf.
Iris.
Pintaste un precioso y emocionante cuadro de nuevas ilusiones, tu protagonista revive tan lindos recuerdos que me puso nostalgiosa- precioso Mercedes-abrazos Teresita
Pienso que una casa con perfume a comida casera de mamá y chocolate caliente de papá en los domingos, siempre asegura nuevas oportunidades. Cualquiera que haya tenido una infancia que lo haya hecho sentirse amado, tendrá nuevas oportunidades las veces que hagan falta, porque él mismo las buscará confiando en ser alguien querible.
Un cuento que necesariamente remite a la familia como fuente de la felicidad, y esa es una idea que no está nada mal...
Felicitaciones.
Daniel
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