El hombre lo arrinconó contra la pared y tomándolo por el cuello lo miró fijo a los ojos sin decirle una palabra. Fueron segundos eternos mientras el orín que entibiaba las piernas de Lalo, exteriorizaba sobre el parquet el grado de temor que lo invadía.
El hombre sin dejar de mirarlo y atenazándolo con una mano, con la otra, fue desabrochándole uno por uno los botones de la camisa. Y sintió Lalo, la aspereza de esa mano ruda, recorriéndole el pecho lampiño y los pezones. Intentó liberarse, pero inmóvil se quedó al ver y sentir que esa mano enorme bajaba y le palpaba los testículos y el miembro. Sin decir una sola palabra el hombre seguía mirándolo fijo a los ojos mientras jadeaba. Deseó Lalo que fuese una pesadilla. Cuando le desabrochó el cinturón y le bajó el pantalón, lo dio vuelta. La opresión de esa mano desde la parte trasera del cuello hasta la nuez, le quitó casi la posibilidad de respirar. El hombre con su pantalón puesto, le rozaba subiendo y bajando, sus nalgas flacas y desnudas. Lo retiró de la pared y lo inclinó, sintió su mano y su dedo, sus dedos enormes, y ya estaba en el suelo. El hombre se sacó el pantalón gigante y lo dejó junto a sus zapatos. La cara de Lalo contra el parquet, los brazos ya flojos después de la pugna imposible, y sus piernas rendidas y abiertas, fueron receptoras al fin de todo lo que el hombre necesitaba expulsar. Y expulsó.
El hombre lo tapó con una manta colocando bajo la cabeza de Lalo una almohada. Desde el enorme living señorial, le acercó en una bandeja un trago y unos chocolates. En la bandeja, un sobre y trescientos dólares, una llave, y la indicación de una cita, para el próximo lunes.
Fin
4 comentarios:
Un relato escalofriante Adeli, terrible esa entrega con la sumisión de quién no puede hacer otra cosa. Excelente.
Un bf.
Iris.
Idili, es tan impresionante este relato, que una se pregunta hasta dónde es capaz de llegar el ser humano. El uno, y el otro; cada uno con sus necesidades.
¡Impecable las escenas! Se ven.
Beso,
Alicia.
Las necesidades estan de ambos lados, pero quien pierde más, sólo Dios lo sabe...
un relato tan cruento como real.
Excelso Adela!
Otro Lalo pero este con una vida un tanto más complicada... El título me dice que Lalo está acostumbrado a pasar por situaciones similares, y los hechos evidencian que no fue una violación. El relato mantiene la tensión. Me gustó.
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