viernes, 19 de agosto de 2011

PAPEL PICADO

Nostalgias de las cosas que han pasado
Arena que la vida se llevó
Pesadumbre de barrios que han cambiado
Y amargura del sueño que murió.

¡Mi bolsa de papel picado! ¿Dónde te habías metido?
Durante años la busqué para botarla, despedirme, no solo de ella sino también de todos los recuerdos.
A veces pienso que las cosas tienen vida propia, pero con un transcurrir más lento y tranquilo que las nuestras y cuando tratamos de encontrarlas cambian de lugares o se esconden en los sitios más insólitos.
Tal vez habría que hacer como dice mi amiga; -tenés que disimular que las buscás y entonces verás que aparecen solas... -No pretenderás quedarte a vivir sola en semejante casona... -me dijo en otra ocasión y agregó -a ver si te violan...
-Nunca me violarán -contesté -porque al primer intento inmediatamente digo ¡sí, si! y con una sonrisa desarmo mentalmente al agresor.
De todos modos me propuse vender la casa y mudarme a un departamento. De ningún modo entrarán todas las cosas que se fueron juntando en cuarenta años de matrimonio; tenía que deshacerme de algunas de ellas. Los cuadros que trajimos de París me tienen podrida; la torre Eiffel, el Arco de Triunfo, y el Sacro Coeur; los regalo.
El afiche de publicidad de una corrida de toros en la arena de Madrid “Seis Toros de Lidia Seis” con el nombre de mi marido impreso entre los toreros Curro Romero y Espartaco; fuera. Las botas para vino que trajimos de Pamplona, deben estar resecas; se van, junto al par de castañuelas “Filigrana”.
Las figuras en hierro negro de Don Quijote y Sancho Panza de Toledo, se vuelven a La Mancha.
La ornamenta de ciervo de 12 puntas, de Bariloche, que él nunca cazó, las dono al club. Le expliqué a mi marido que en la edad media era la señal del marido cornudo, que era autorizado a cazar en los bosques del príncipe, pero igualmente la colgó en el quincho.
También le regalo al club de pesca el enorme pejerrey embalsamado que compró por internet. La colección de caracoles de Mar del Plata se vuelve al mar. Una pala ancha, un rastrillo y un escarpidor los abandono en la vereda. ¡Adiós a la tierra!
Las tres botellas triangulares vacías de “limoncello” de Italia; también, a la vereda.
La gallina de cerámica de vivos colores; al gallinero. Las seis cucharitas colgadas, una por cada país que visitamos; me las llevaré. Cada vez que las miro recuerdo cuando dormíamos haciendo “la cucharita”. Sinceramente, me arrepiento de los codazos que le di cuando comenzaba a entusiasmarse, siempre con alguna excusa; “¿sabes la parva de ropa que me espera para lavar?”
¿Tengo yo la culpa que tan pronto se nos fuera la pasión?. El bikini y el corsé de ocho varas se los dejaré a la muchacha. Por más que me lo ajustaba nunca pude conseguir “cinturita de avispa”. Agregaré la peluca rubia que me encanta, pero que no me queda, un par de zapatos “topolinos”, los pantalones “Vichy” en cuadraditos blancos y negros, ligueros, ligas y bodies. ¡Ah! Y también los breech “Horseland” de cuando Él quería que practicara equitación. Los caireles y bolitas de vidrio incrustadas en el cemento del toilette, quedarán allí. ¡Jamás me gustaron!.
La bolsa con papel picado, azules, verdes y rosas la guardaré. Nunca me olvidaré de aquel carnaval; entre lo sagrado y lo profano. “Cruza del palco hasta el coche, la serpentina nerviosa y fina, como un pintoresco broche, sobre la noche del carnaval” Aquel domingo de carnaval, el salón del club, estaba con todas sus luces, adornado con guirnaldas, serpentinas y globos, un lugar para la comparsa y en el escenario la orquesta típica para “animar el baile.” Que al decir de Alejandro Dolina “es una reunión de gente triste que busca consuelo” Y ahí estaba yo, es cierto, tal vez buscando un hombre que me consolara. Me había puesto el vestido de raso celeste bordado con lentejuelas tan ajustado al cuerpo que sin cinturón marcaba muy bien mi cintura, y un antifaz de seda negro con unas plumitas blancas. En mi cartera una bolsa de papel picado azules, verdes y rosas para tirar al galán, recién después de la medianoche cuando nos quitábamos el antifaz. Recuerdo cuando bailando el tango “Siga el corso” creo que así se llama, repetí; “yo soy la misteriosa mujercita de tu afán” Y él me susurró al oído: “No finjas más la voz, abajo el antifaz, tus ojos por el corso, van buscando mi ansiedad... descúbrete, por fin... tu risa me hace mal, detrás de tus desvíos, todo el año es carnaval.”.. Muy de madrugada, caminando por las veredas de tierra o contando las baldosas, me tomó de la mano, después del brazo y nos besamos en la puerta de cada zaguán desocupado. Mas tarde, sola en mi dormitorio me di cuenta que aún tenía sin abrir la bolsita de papel picado. En aquel momento simplemente pensé que no había necesitado de ese artilugio para enamorar a mi galán y la guardé no sé dónde. Después hubo otras salidas, otros zaguanes, pero un solo amor por más de cincuenta años. La bolsa de papelitos picados, azules, verdes y rosas, que encontré sin buscar, no la tiro ni la regalo. La guardaré en la cómoda con mis interiores. ¿Me traerá suerte? ¿Quién sabe? Quizás la use en el próximo carnaval.

Sur – Tango 1948
Música Anibal Troilo
Letra Homero Manzi
Siga el Corso – Tango - 1926
Música; Anselmo Aieta Letra: F. García Jiménez_________________

4 comentarios:

Daniel Angel Ríos dijo...

Buena idea esa de mezclar el cuento con las letras de algunos tangos. Se "oye" su música.
Es verdad que al mudarnos a un lugar más chico, debemos desprendernos de un montón de cosas, a cual más inútil. Sin embargo, siempre hay alguna tan inútil como las otras, que por algún buen motivo se quedará con nosotros, aunque sea para ver si nos trae suerte.
Me gustó.

Adela Inés Alonso dijo...

Ahhh, las cosas y los recuerdos… Los tiempos idos que de vez en cuando hacemos venir cerquita cerquita porque si no ¿qué seríamos? Nadita seríamos.
Todo un inventario el de “la” protagonista, el inventario de la vida, sí, algunos activos de otros tiempos que decide pasar a pasivos y puf desaparecen por el aire, y otros, los menos y los más importantes, siempre serán activos a retener y a guardar en el corazón (aunque ella diga en la cómoda con sus interiores)
Muy vívido. Y vivido.
Un beso,
Adela

Nuria dijo...

Jorge, este tipo de relatos me gustan muchísimo, sobre todo cuando refieren letras de tangos.
¡Muy bien logrado!
Beso,
Ali.

Iris Leda dijo...

Nostalgioso y emotivo relato Jorge. Hay cosas casi inservibles (léase papel picado) y que sin embargo nos marcan a fuego. Tanto como para guardarlo tan intimamente. Excelente relato Jorge. Lo leí con ganas de más. Me super gustó.

Un bf.
Iris.