miércoles, 3 de agosto de 2011

UN CADÁVER QUE NO FUE

Aquel día luminoso de verano y bajo pleno rayo de sol, llegó en el único tren que arribara a Aldea Clara desde hacía varios meses, una señora delgada y de porte sombrío. Vestía de oscuro y llevaba un tul que tapaba a medias, su cara magra. La intensa claridad, le hacía mal. Al primero que visualizó, fue a Gutiérrez, a quien le preguntó por una tal Herminia Gómez. El hombre no supo darle mucha explicación: La flaca, con cara de: “ya te va a tocar a vos también”, dio media vuelta y siguió su paso. Un  paisano que se desplazaba por un sendero pedregoso montando un zaino, pudo satisfacer su pregunta. Le contestó que para hallar a tal mujer, debía andar por el camino frente suyo diez cuadras de tierra, luego girar a la izquierda, y desde allí continuar otras veinte cuadras más.
Se toparía lentamente con más vegetación, los árboles que siempre rumoreaban y el faldón opaco de la sierra, le indicarían que estaba cerca. Cuando llegase a un río de cintura fina,  debería cruzar el puente. Ahí, próxima al árbol iluminado tímidamente por flores blancas, hallaría una antigua casa de piedra con techo de tejas rojas manchadas. Esa, era la morada de Hermi, como se la conocía en la zona.
La flacucha, después del largo viaje y aunque los minutos corrían, tuvo ganas de caminar para estirar sus huesudas piernas y echó a andar. Podría respirar otro aire, que no fuera el rancio de siempre. Total, el final de aquella mujer estaba más que próximo, iría disfrutando del paisaje.
A Herminia a sus setenta y seis años, le había llegado el momento. Éste sería, a las seis de la tarde. La  flaca anochecida,  no halló a la futura difunta.  Hizo más averiguaciones sobre el probable paradero de la señora y siguió su periplo, sin demasiada suerte.
Cuando la de negro, llegó a lo de Eulalio preguntando por su “objetivo”, éste alborozado y apuradamente le contestó que Herminia, luego de ayudar a su esposa a parir, había partido de su hogar: “fue a darle una mano a Pedro con la recolección de frutillas", y le indicó dónde era.  Así  La Muerte, que parecía estar muy perezosa, se la pasó vagando de un lado a otro sin encontrar a la mujer. Miró el reloj de huesos con manecillas de huesos también, éste marcaba seis y diez. Lanzó un insulto a viva voz mortecina. Debía continuar con su labor, entonces, dispuso marcharse. El tren, no pasaría sino hasta dentro de largo tiempo, por lo cual, había previsto desplazarse en sulqui. Su próximo destino: Arroyo Ciego, allí la esperaba otro asunto. Éste, no se le escurriría.
La Dama Oscura se iba del poblado, mascullando improperios -pensaba que aunque eterna, ¡vaya paradoja!, se estaba sintiendo vieja. Herminia, mientras tanto, canturreaba camino a lo de los Vázquez, iba a ayudar a María, a bañar a los siete pibes.
En sus fueros internos, La Muerte sonrío; total ella, los alcanzaría a todos, más tarde o más temprano.

5 comentarios:

Adela Inés Alonso dijo...

¡¡¡ALI!!!
Me encantó el tono, el desenfado de quien narra, las descripciones y el paseíto por la aldea. Me encantaron también los nombres de los personajes. Yendo al fondo, hay en este capítulo, la cara de la vida siempre incierta aunque ni nos demos cuenta, y la otra cara de esa maldita certidumbre cierta, que con sombría serenidad se desplaza, busca y no se preocupa si no encuentra porque espera siempre serena y sabiendo.
Mmmm están muy buenísimos estos dos primeros capítulos.¡¡ Motivan!!
Va una de las poesías que más me gustan de M. Benedetti.

Beso,
Adela

"Invisible

La muerte está esperándome
ella sabe en qué invierno
aunque yo no lo sepa

por eso entre ella y yo
levanto barricadas
arrimo sacrificios
renazco en el abrazo
fundo bosques que nadie
reconoce que existen
invento mis fogatas
quemo en ellas memorias
tirabuzón de humo
que se interna en el cielo

por eso entre ella y yo
pongo dudas y biombos
nieblas como telones
pretextos y follajes
murallones de culpa
cortinas de inocencia
así hasta que el baluarte
de cosas que es mi vida
borre la muerte aleve
la quite de mis ojos
la oculte y la suprima
de mí y de mi memoria

mientras tanto
ella espera."

Anónimo dijo...

Idili, ¡Gracias!, por tu comentario y por tan bello y profundo poema.
Besos,
Ali ;)

Anónimo dijo...

Chicos, pido mil perdones.
No puedo entrar con mi cuenta.
Estoy intentando solucionarlo.

Besos para todos.
Alicia :)

Daniel Angel Ríos dijo...

Un cuento que atrapa y merece una continuación.
Me gustó mucho ese andar de La Muerte sin encontrar a su presa.
¿Quién puede negar que eso ocurra en la realidad? ¡Nadie! Quizás La Huesuda nos anda buscando desde el mismo momento en que nacemos...
Felicitaciones.

Iris Leda dijo...

Buenísimo Ali, la seguridad de "ella" apabulla briiiii... Bien pensado, bien escrito. Me super gustó.


Un bf.

Iris.