jueves, 11 de agosto de 2011

INVERSIÓN

–Lo que se representa  como punto común en el vértice  señoras y señores míos, es según mi punto de vista una mentira, aunque no faltará quien diga que se trata de una verdad irrefutable, lo que entonces según mi criterio lo transformaría en una falsedad integral.
Así concluía la disertación iluminada por su propia sonrisa y aturdida por los aplausos,  la ingeniera Mariela Sarkis, considerada de los más diversos modos, ya sea con el apelativo de genio, potra, loca, snob, densa  o demasiado light.
Su impecable presencia desde la punta de los zapatos hasta el último de los cabellos, contrastaba con su estilo de vida. Por las funciones que desempeñaba se vestía de eso  aunque no podía evitar andar siempre con lo puesto por lo que sorprendía y alarmaba tanto a sus seguidores como a sus detractores.
Nadie comprendía por qué vivía en una de las villas consideradas de las  más peligrosas y decadentes de los suburbios de la ciudad. La casucha desvencijada  en la que había decidido alojarse años atrás, constituía según sus propias palabras el único ámbito en el que podía exhalar su forma de ser consigo y con el otro. Desde su nacimiento hasta recibirse con honores había vivido en el barrio más paquete de la ciudad.
El riquerío  –como definía ella a las clases más pudientes– por lo general, nacía, crecía y moría  dentro de una funda con cierres que no estaba dispuesto a abrir.  El pobrerío  nacía sin saber cómo crecer, crecía sin saber dónde cómo y hacia dónde iba, y era un firme militante del presente abierto al futuro siempre imprevisible
Más amiga de los vórtices que de los vértices Mariela disfrutaba enseñándole a Joaquín la tabla del 9, o contándole a Pina la vida de Nietzsche sin decirle quién era y a modo de cuento  mientras su mamá trabajaba limpiando las casas de los barrios paquetes. También disfrutaba los vinos durante noches de  queso y salame  con Roque, Laya y Janina cuando ellos llegaban de la fábrica y no había tiempo de hacer  la choriceada pero sí de compartir  la mesa, los chistes, las faltas, los cambios, los enojos y  las ilusiones.
Casi el  ochenta por ciento de los habitantes adultos  de la villa eran obreros de  la fábrica del Inglés, la única  elaboradora de medicamentos de la región.  El día que  supieron que disponían de  veinte días para abandonar la villa, nada más ni nada menos que el lugar donde habitaban desde hacía  un promedio de seis años, los tres mil quinientos calificados de usurpadores se fueron reuniendo para intentar determinar qué harían.
Cuando faltaban cinco días para el vencimiento del plazo, el rumor se había extendido a todas las viviendas. Ya sabían que se había montado un operativo de desalojo  para el martes  3 de junio a las diez de la mañana.
–Así que estas mierdas procederán cuando estemos en la fábrica. –Gritó Roque exaltado esa noche de hielo, sublevando a sus vecinos y compañeros.
–Hagamos de cuenta que nada sabemos y que no se nos escape ni una palabra mañana en la fábrica. A partir del lunes nos quedaremos todos aquí custodiando, y vamos a ver de paso qué hace la fábrica con sólo  ciento veinte chabones produciendo mientras  los casi tres mil laburantes que somos  nos quedamos a defender los nidos que nos quieren patear. –Estableció Soares con la firmeza y la serenidad de siempre.
–Comprendo lo que dicen, lo que sienten y lo que piensan hacer. Pero los invito a la reflexión muchachos. Tienen un trabajo seguro que les permite ir viviendo  y se me ocurre que, de tomar esas medidas, sufrirán todos las consecuencias del desempleo con causa. Sin ahorros, sin vivienda y también sin trabajo, ¿qué harán? También han de pensar serenamente aunque sé cómo cuesta  en estas circunstancias, la violencia que inevitablemente se generará al intentar ellos patear su nido, y ustedes  custodiarlo. Hay muchos chicos aquí. –La ingeniera Sarkis les hablaba convencida de lo que pensaba.
–Mariela, vos sabés que acá te apreciamos mucho flaca, pero todos sabemos y vos más que nadie, que acá sos sapo de otro pozo. –La miró Roque comprensivo.
La mansedumbre era escasa y los sentires múltiples como las estrellas. Resultaba ineludible tomar una decisión. Votaron.
Pondrían el pecho y harían una valla humana para impedir el avance de la milicada. Nadie iría a la fábrica hasta que no se les asegurara con documentación judicial expedida a nombre de cada uno que las viviendas les pertenecían.
–Es demasiado lo que arriesgan. Están poniendo en juego la vida  y el trabajo seguro de todos,  que por ahora  les garantiza la supervivencia. Tienen que pensarlo en frío, es así como se resuelven los conflictos, hay algo que en la vida se llama negociar muchachos. –La ingeniera  Sarkis suavizaba el tono de voz  para intentar  que la escuchasen con atención.
–Ingeniera, estoy segura que usté ha visto  muchas veces  figuras como ésta, ¿a que siempre las ha visto en la misma posición? –Rosa Leiva, la abuela de Janina, golpeaba con el dedo sobre la página de un viejo diccionario  donde bajo una foto  apenas se leía “sirvió como tumba para el faraón Jufu”
–Sí Rosa, es exactamente así.  Es  la posición  en la que fue construida,  es más, creo que no podría haberse hecho de otro modo. ¿Cómo iba a verla yo en otra posición entonces? –Sonrió Mariela.
–Mire ingeniera,  sé que usté es buena con mis nietos, y no me molesta lo que usté les enseña, al contrario, ni lo que les dice. Lo que sí molesta, es lo que usté no ve.  Y usté no ve que nosotros sí, podemos ponerla en otra posición y también darla vuelta y lo vamo a hacé aunque en eso, se nos vaya la vida…
Fin

3 comentarios:

Daniel Angel Ríos dijo...

La respuesta de Rosa es algo que según pienso, la ingeniera Sarkis jamás ha de entender a pesar de que haya elegido vivir en la villa, porque como le ha dicho Roque, ella es “sapo de otro pozo”. Hay en Sarkis otro origen, otra manera de pensar, y otro sentido respecto a qué es la justicia. Mejor, peor... ¿Quién lo sabe?
La ingeniera y sus vecinos podrán dialogar, pero jamás habrán de entenderse cuando esas diferencias los hagan razonar distinto. En tales circunstancias siempre aparecerá la disparidad de origen; se lo harán notar, y ella lo notará también.
En mi opinión no se trata de algo que ocurrirá sólo en la villa y con la ingeniera, pues ha de darse en todos los ámbitos cuando de orígenes diferentes se trate, ya que tiene que ver con la naturaleza humana, o con la naturaleza, lisa y llanamente, pues entre los animales ocurre lo mismo.
Un gran tema y un cuento muy bien escrito.

Iris Leda dijo...

Excelente relato Adeli. Para pensar un ratito. Lo que no se quiere ver, en la forma más triste y dolorosa. Bien contado y bien escrito. Me super gustó.

Un bf.

Iris.

Nuria dijo...

El panorama se ve, según el lugar desde donde uno esté mirando. Es difícil despellejarse por dentro.
Somos lo que somos; aún con la capacidad de cambio que tenemos no podemos, sin embargo, desprendernos de lo que marca nuestro historial de vida y hacer de cuenta que nunca existió. La ingeniera tuvo agallas, pero es humana.
¡Muy bueno!

Beso,
Alicia.