miércoles, 17 de agosto de 2011

LA PIRÁMIDE INVERTIDA

La planicie me lo dejó ver. Allí estaba.
Era él. Lo reconocí en el andar pausado.
Cuando a su lado pasaba la vida
en seres extraños que no me veían.
Él si.
Su mirada lo dijo todo, no necesité más.
Nos casamos.
El suelo se elevaba por tramos y me impedía ver.
Los desacuerdos casi tapaban la entrada al amor.
Ya no era.
Sin embargo lo seguí buscando,
en cada palabra escondida,
en la mirada oscura, en el abrazo tieso.
Y no estaba.
Es que en el punto más alto, sólo se veía él.
y no bajó los ojos para verme.



3 comentarios:

Daniel Angel Ríos dijo...

A veces elegimos mal. A veces vemos cosas que antes no veíamos o no queríamos ver. A veces el paso del tiempo -creación satánica- no va cambiando a unos y a otros. A veces... pero simpre, siempre duele.

Muy buena poesía.

Adela Inés Alonso dijo...

Toda una relación Iris, toda una poesía triste, entre los verbos ser, estar,y ver pintando, el desarrollo desde el principio hasta el fin. Esos "ya no" duelen siempre como dice Daniel, y aunque no dejo de pensarlo, sabés? todavía no sé si es don Chronos, el responsable.
Beso,

Adela

Nuria dijo...

Iris, ¡fantástico! Las letras acompañadas por esa pirámide invertida. De lo excelso y abarcativo de su base -el gran amor-, se va extinguiendo hasta llegar al vértice y deshacerse en un punto. Según la imagen que sigue a las palabras, se disfuma el querer en un círculo claro que tiende a desaparecer.
Creo que el paso del tiempo ayudó, pero no fue lo fundamental en el desmoronamiento del sentimiento.

¡Me encantó!
Besos,
Ali.