Su nombre es Osvaldo y se apellida Gutierrez, tiene poco más de cuarenta años, soltero, medio instruido, sin oficio conocido, vive en una casa que recibió no se sabe bien de que herencia, en Aldea Clara. Allí lo conocen todos como “el loco Gutierrez”. Su vocabulario se limita solo a unos monosílabos, pocas palabras, y a algunas frases hechas que escuchó en alguna parte y que de tanto repetirlas se le grabaron en su corta memoria. Justamente a esas frases él trata de meter en cualquier conversación con otros, como bocadillos gratis, de alguna obra teatral imaginaria. Tales como; “en circunstancias que se tratan de establecer” o “se declaró un voraz incendio...” y más aún una de sus favoritas; “el masculino extrajo de entre sus ropas un cuchillo de regular tamaño...” Ciertamente que los del bar que ya lo conocen, aprueban con un movimiento de cabezas sus palabras y hasta a veces agregan; ¡Exacto! o ¡Muy bien Osvaldo!.
El ferrocarril separa al pueblo casi por la mitad; de éste y del otro lado de las vías. Durante años los intendentes que se sucedieron gestionaron, sin éxito, la colocación de por lo menos en la avenida principal, de un paso a nivel.
Años después de las privatizaciones la nueva empresa mandó a colocar una barrera roja y blanca, la casilla con la maquinaria, y un banco de pino tea, pintado de verde.
Del funcionamiento de la barrera se ocupaba un señor gordo y bajito, que vestía el uniforme ferroviario de color azul gastado y una gorra enorme, con la insignia al frente.
Actualmente casi no pasan trenes por Aldea Clara. Las vías son, por lo tanto, unas pobres vías muertas.
No obstante, el uniformado sigue haciendo sonar el timbre de prevención, bajando y subiendo la barrera. Lo hace por dos razones; a su juicio muy valederas; a) para no hacer abandono injustificado del trabajo (así lo asesoraron en la UTA) y b) como una fuente de ingresos.
Es verdad, con las barreras bajas algunos automovilistas o camioneros detenidos le gritan; -¡Gordo abrime! Y al pasar le dejan algunas monedas. Y sí... igual a un peaje.
Una tarde que estaba sin hacer nada, el “loco Gutierrez” se detuvo a observar intrigado al ferroviario que bajaba y subía la barrera y con un “graciaas...” recibía el peaje. –¡Te la vendo loco! -le gritó el gordo. -¿A cuánto? –preguntó Gutierrez muy seriamente. –Una luca – dijo el otro.
Sin decir palabra Gutierrez fue hasta su casa y de un frasco que alguna vez contuvo aceitunas sacó un rollito de billetes que hacían un total de mil pesos.
Con un apretón de manos el negocio quedó cerrado. El gordo le explicó el funcionamiento de la manivela para mover la barrera, le dejó una aceitera, la pava, el mate y medio paquete de yerba “Pájaro Azul” y se fue. -¡Gordo traeme el uniforme! -alcanzó a gritar Gutierrez.
Por ahora, no circulan trenes por esas vías, pero el “loco” con el pantalón azul a media pierna y la gorra hasta las orejas, sigue haciendo sonar el timbre, bajando y subiendo la barrera y agradeciendo el pago por su servicio.
Íntimamente espera con su trabajo, interesar a la empresa para que el tren vuelva a la Aldea.
Mientas tanto descansa en el banco de Pino Tea y a todos los que quieran escuchar les repite ahora su nueva frase favorita:
“En épocas de crisis siempre surgen oportunidades para hacer buenos negocios”.
4 comentarios:
Tu personaje Gutierrez, está perfectamente delineado y me dejó una idea dando vueltas. ¿El loco es tan loco? o en ultimísima instancia, vive y hace lo que quiere. Se lo advierte inofensivo.
¿Es tal vez más libre, que el que juega en la vida el rol que apunta a la perfección?, aunque esta en términos absolutos no exista.
¡Muy buen comienzo del cuento!
Saludos,
Alicia.
Me gustaron la trama, el personaje, y sus bocadillos.
Felicitaciones por el cuento y por dar el puntapié inicial a las historias de Aldea Clara.
¡Qué buenísimo Jorge Melipal! Si no fuera porque sucede en Aldea Clara, esta aldea nueva recién fundada, hubiera jurado que a esta historia ya la leí, que ya la viví.
Me encantó esa cualidad de Gutiérrez de las frases hechas. A veces creo que es inevitable que todos incurramos de vez en cuando en ello. Al fin y al cabo, creo que también pensamos y estamos convencidos de la frase enunciada por este buen señor, “en épocas de crisis siempre surgen oportunidades para hacer buenos negocios”. Y sí, el ingenio se desarrolla de un modo impensado ante la necesidad.
Un beso,
Adela
De poetas y de locos... Me encantó este personaje de Aldea Clara dicen que los locos y los chicos siempre dicen la verdad. A tomar nota de las frases de Gutierrez. Me gustó mucho Jorge.
Un bf.
Iris.
Publicar un comentario