Más allá de la playa de arena blanca en la isla grande del mar Caribe, la tumbera colgada entre dos palmeras apenas se menea.
Una suave brisa nocturna refresca al joven dormido y la luna en cuarto creciente todavía se muestra en el cielo. El, tumbado sobre la red, disfruta los pocos minutos que restan para el amanecer. Después, el sol caribeño seguramente acentuará su resaca.
-¡Ernesto! -llamó su madre.
El grito lo sobresaltó y se incorporó a medias. Entonces bebió el primer trago de la mañana.
-Anoche te llevaste mi último Cohiba. Con hombres como tú aún estaríamos en la Sierra Madre -murmuró.
-¿Qué tu quieres mujer? -contestó él.
-Nadita nomás. ¿Dónde está el pollo y la onza de cochino que te encargué? Tu estás a puro ocio y yo tengo que preparar sola el ajiaco criollo, como me enseñó el doctor -agregó, elevando el tono de voz.
-¿Qué doctor? -preguntó Ernesto, saltando de la hamaca con mucha habilidad, por cierto.
-Solo un doctor entró en mi vida -dijo ella, entrecerrando sus ojos negros y con una cómplice sonrisa Da Vinci respondió -y fue Ernesto el Che Guevara. Yo entré con él del brazo a La Habana, el 8 de Enero del 59. Él me enseñó a tomar mate y a bailar tango...¿Podrías ayudarme con los chatinos? ¡Y ya deja de beber, que es muy temprano!
-Es tan sólo un coco -mostró Ernesto levantando su brazo.
-No mientas, y para que sepas, ese mojito se bebe en un vaso jaibolero y no en un coco -replicó la madre y preguntó ¿Recuerdas el caldillo de congrio que preparé cuando nos visitaron Fidel y Pablo? Aún vivíamos en La Habana Vieja.Y tal vez retengas el poema que me escribió allí mismo -agregó -que así termina...
“ Ya no puedes volver a bailar con tu traje de seda en la sala.
Te vas a romper los zapatos, pero vas a crecer en la marcha.
Tienes que andar sobre las espinas dejando gotas de sangre.
Bésame de nuevo, querida. Limpia ese fusil, camarada”
-Lo recuerdo bien -contestó él -en verdad, era el platillo favorito de Pablo y te luciste. Pero al poema, no lo recuerdo...Yo entonces, era muy niño para saber de poesía y de amor...
-Bueno, por vivir en la tumbera, por vivir en la tumbera -repitió su madre -ni te has enterado que hoy es el cumpleaños del Comandante Fidel y que esta noche cenará con nosotros en Playa Girón.
El Amor del Soldado
Pablo Neruda
3 comentarios:
Me gustó Jorge el modo en que metés al lector en la cuestión. La vida de eso cotidiano, que, por involucrar a personas públicas, tiene una trascendencia que va más allá de lo que ahí pasa. Siento que te metés en el tema así, combinado muy muy bien con el clima de allá, cálido, lento y al mismo tiempo percibiéndoselo definitivo. Eso, me encantó.
Busqué el poema, que aquí copio y que como no conocía, me lo guardo.
Un beso,
Adela
"En plena guerra te llevó la vida
a ser el amor del soldado.
Con tu pobre vestido de seda,
tus uñas de piedra falsa,
te tocó caminar por el fuego.
Ven acá, vagabunda,
ven a beber sobre mi pecho
rojo rocío.
No querías saber dónde andabas,
eras la compañera de baile,
no tenías partido ni patria.
Y ahora a mi lado caminando
ves que conmigo va la vida
y que detrás está la muerte.
Ya no puedes volver a bailar
con tu traje de seda en la sala.
Te vas a romper los zapatos,
pero vas a crecer en la marcha.
Tienes que andar sobre las espinas
dejando gotitas de sangre.
Bésame de nuevo, querida.
Limpia ese fusil, camarada."
Buen texto. El andar cotidiano, los recuerdos, los personajes que trascendieron. Todos tienen cabida en tu relato.
Es la vida misma que los mece; los trae y los lleva.
Besos,
Alicia.
Buenísimo Jorge. Bien logrados los diálogos.
Un bf.
Iris.
Publicar un comentario