martes, 13 de septiembre de 2011

TREZIDAVOMARTIOFOBIA

Era martes por la nochecita; don Sentencioso no aparecía por el bufé del club General Lama, como era su costumbre; y la barra veinteañera empezaba a preocuparse.
-Qué raro que don Sentencioso no haya llegado -decía Chelo- ¿Le habrá pasado algo? ¡Hoy es martes trece!
-No creo -exclamó Cholo.
-¿Por? -preguntó el dicente, diría un abogado.
-Porque cuando venía para acá pasé por la puerta de la casa, y lo vi sentado en el jardín. Le pregunté si se iba a dar una vueltita por el club, y me contestó: “martes, ni te cases ni te embarques, ni de tu familia te apartes”.
Y aquel comentario hizo que Beto, Cacho, Tito, Chelo, Cholo, y Pela, comenzaran a hablar sobre la siniestra jornada…
-Es un día que tiene fama mundial de ser yeta -decía Beto-. Tengo un tío que compró una ambulancia un día trece, un mes después la puso a trabajar para una empresa un martes trece, allí le tocó como número de móvil el trece, y a la semana… se la volcaron. ¡La hicieron de goma! Tuvo que venderla como chatarra. El trece trae mala suerte. ¡Creer o reventar!
-¿Le tenés fobia al martes trece? -preguntó Chelo, el más leído del grupo.
-¡Claro!
-Entonces sos trezidavomartiofóbico.
-¿Trezi qué? -exclamó Beto, y no fue el único que puso cara de espanto.
-Tre-zi-da-vo-mar-tio-fó-bi-co -puntualizó el estudiante universitario de la barra-. Sufrís de Trezidavomartiofobia, o sea, fobia al martes trece.
            Las comisuras de todas la bocas del grupo -salvo las de Chelo, obviamente-, apuntaron por unanimidad al piso, mientras las cabezas hacían cierta reverencia de aprobación, dando una señal que igual que el aperitivo que tomaban mezclaba el vermú con la soda, combinaba en este caso la admiración con la burla.
-¿Treceavomartesdafobia? -quiso asegurarse Tito, la contracara de Chelo.
-¡No animal!... Tre-zi-dav…
            Y la risotada general tapó la voz del estudiante de filosofía, que volvía a pronunciar el término sílaba por sílaba.
-Tenerle miedo al martes trece es una verdadera pelotudez -dijo Cacho cuando se apagaron las risas- Es de ignorantes.
-Será de ignorantes, pero desde la antigüedad el número trece fue considerado como de mal augurio, ya que en la Última Cena, eran 13 los comensales; y la Cábala enumera a 13 espíritus malignos; y en el Apocalipsis, su capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia -detallaba Chelo-. Además, la palabra martes viene del nombre del planeta Marte, al que en la edad media lo llamaban "el pequeño maléfico" y que significa voluntad, energía, tensión y agresividad.
            Y al terminar Chelo de decir esto, otra vez fueron las comisuras hacia el piso, y las cabezas aprobaron.
-Si viene don Sentencioso le vamos a preguntar qué opina del martes trece-dijo Pela.
-¿Nunca pensé que don Sentencioso fuera supersticioso? -acotó Tito- ¡Es raro siendo él un hombre tan inteligente!-Tenerle miedo al martes trece es una verdadera pelotudez. Es de ignorantes -repitió Cacho, y al intentar tomar su vaso, torpemente lo tiró al piso, desparramando vermú y vidrios a veinte metros a su alrededor… ¡Bueno!... exageré un poco… digamos, tres metros.
-¡Ja! Martes trece -exclamó Beto.
-¡Terminala con eso, loco! -se quejó molesto el accidentado, diría un periodista- ¿Qué tiene que ver el martes trece?
            En ese momento, sonó el celular de Pela, que atendió distraído y aún sonriente por el percance de Cacho.
-¡Hola!
-msmsmsmsmsms.
-¿Qué?
-msmsmsmsmsms… msms.
-¡Uh! ¡Qué cagada!
            Después de cortar, Pela les decía a sus amigos…
-Le siento muchachos, me tengo que ir, mi viejo se acaba de quebrar una gamba. Tengo que llevarlo a la Clínica.
            Cuando Pela se fue maldiciendo al martes 13 y preocupado por su padre, los amigos que quedaron a la mesa se miraron en silencio, y con el seño fruncido…
-Tenerle miedo al martes trece es una verdadera pelotudez. Es de ignorantes -dijo Cacho, por tercera vez.
-¡Puede ser!... Antes le pregunté a don Sentencioso -acotó Cholo.
-¿Y qué te dijo el viejo? -preguntó Beto, y lo de viejo fue cariñosamente.
-"Martes buenos martes malos, los hay siempre en todos lados"... Me dijo.
-¡Sí, claro! -rezongó Chelo- Pero él se queda en su casa.
-Cacho tiene razón -apuntaló Tito- A estas alturas de la civilización, no se puede seguir siendo supersticioso. ¡Estamos en el tercer milenio, viejo!
            La puja por el dichoso y supuestamente maléfico día, siguió cada vez más apasionada. “Que yo conozco a uno que un martes trece se le incendió un no sé qué”… “Que sin embargo yo conozco a otro que se ganó no sé qué cosa”… “Que no me jodas porque yo me acuerdo de una que tuvo un ataque de algo”… y así estuvieron hasta que a Tito se le hizo la hora de irse…
-¡Chau, muchachos! Mañana tengo que madrugar para ir al laburo -aclaró y luego llamó al mozo- ¡Gallego! ¿Cuánto es lo mío?
-Trece pesos -contestó el preguntado, diría un fiscal- mientras se acercaba a la mesa.
-¡Uh! -se asombró Beto- ¡Justo trece!
            Tito metió la mano en el bolsillo de su pantalón, y…
-¡Ohia!
-¿Qué? -preguntó Cacho sospechando.
-¡Uy! -decía ahora Tito sin responderle a su amigo, mientras con las manos escarbaba sus sus bolsillos como perro que rasca la tierra para desenterrar un hueso.
-¿Qué te pasa, loco? -Cacho se puso nervioso.
-Que perdí la billetera, ¡la pu(piiip)a que lo parió!
-¡No me jodas! -Cacho estaba pasmado.
-¡Te digo que sí! Tenía un billete de cincuenta y dos de diez. ¡Qué mala leche!... ¡Con lo que cuesta ganarse el mango!... Van a tener que bancarme hasta mañana, muchachos.
-¡Bueno, bueno! No importa -tranquilizó Pedro el mozo, para todos cariñosamente, El Gallego, o El Gaita, aunque hubiera nacido en Valverde de la Vera, un pueblo de Cáceres, Extremadura- ¡Me lo pagas mañana, hombre!
-¡Gracias, Gaita! ¡Sos un fenómeno!... ¡Qué mala leche!
            Tito se fue despotricando contra el martes trece, y Beto miró a Cholo y le dijo…
-¿Cómo?... ¿No era que éste no creía en la yeta del martes trece?
-Tenerle miedo al martes trece es una verdadera pelotudez. Es de ignorantes -apuntó de nuevo Cacho y era la cuarta vez que lo hacía.
            Un rato más tarde, la hermanita de Chelo vino a buscarlo porque lo había llamado a su casa un compañero de la facultad, para avisarle que al examen que tenía el día 19, lo habían adelantado para el 14.
-¡Hasta mañana, muchachos! Tenía que ser martes trece -bramaba Chelo echando chispas contra el titular de la cátedra.
            No había pasado media hora, cuando cayó la policía buscando a un ladrón que se escondía por el barrio…
-¡Documentos! -exigían los uniformados de malas maneras.
            Cholo se pudo pálido...
            Un rato más tarde, Cacho le decía a Beto…
-¡Eso no es por el martes trece, loco! ¿A quién se le ocurre salir sin documentos? ¿Cómo no se lo iban a llevar?... ¿Le avisas vos a la madre de Cholo?
-¡Es por el martes trece, Cacho! Don Sentencioso tenía razón… Mirá, mejor me voy antes de que me pase algo.
-¡Dejate de hinchar, Beto! No pasa nada. Es la fama que le hicieron al día… Fama… Pura fama.
            Un instante después, Beto, parado junto a la caja del bufé, pagaba un par de balones, siete platitos de los ingredientes, y dos cervezas, es decir, las cosas que se rompieron cuando él -mientras caminaba mirando para atrás, hablándole a Cacho- atropelló a Pedro, y le voló la bandeja donde llevaba el pedido para la mesa 13.
-¿Te das cuenta, boludo? -le gritó Beto a Cacho mientras se iba, un minuto más tarde- ¡Qué fama ni fama! Es este maldito martes trece.
Cacho quedó solo, se comió el último maní, el último palito salado, la última aceituna, y la última rodaja de cantimpalo que había en su mesa, se bebió el vermú que quedaba en su baso, y lentamente sin hacer ruido, se fue de bufé.
-¡Chau, Gallego!
-¡Adiós, Cacho! Ten cuidado que todavía no ha terminado el bendito martes. ¡Válgame Dios! -bromeó el mozo.
            Cacho se subió a su auto y marchó para su departamento. En el camino pasó frente a la casa de don Sentencioso; vio al viejo -dicho esto cariñosamente- aún tomando fresco en el jardín, y se detuvo a saludarlo.
-¿Cómo anda, don Sentencioso? ¿Guardado en su casa por el martes trece?
-¡Hombre prevenido vale por dos!
-¿Así que este día tiene fama de traer mala suerte? ¿Será verdad?
            Don Sentencioso se encogió de hombros y dijo…
-Hazte fama y échate a dormir.
-¡Tenerle miedo al martes trece! -esta vez Cacho no fue tan cortante, por respeto al anciano- ¡Fama, don Sentencioso!... ¡Pura fama!
-Si Dios no te ha dado Gloria, confórmate con la fama -dijo aquel hombre y sorpresivamente señaló el auto de Cacho.
            El muchacho miró entonces hacia su coche, y vio que en el lateral derecho, le habían pintado un graffiti que en letras negras y escritas con apuro, decía: ¡AGUANTE KISS!
            Cuando el auto de Cacho se perdía doblando la esquina, don Sentencioso todavía escuchaba las maldiciones del defensor del martes trece, que gritaba…
-Terzivomarti… Trezidamarti… Tedazivofobia… ¡Chelo!... ¡La con(piiip)a de tu hermanaaaaaa!… -dicho esto, cariñosamente.

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¡Hasta el próximo cuento!

3 comentarios:

Nuria dijo...

Este relato costumbrista, con las apariciones de: el siempre vigente don Sentencioso, y del martes trece danzando en medio ¡Me encantó!

Saludos,
Alicia.

Adela Inés Alonso dijo...

Sí, pura fama, Daniel... como con las brujas ¿quién cree en ellas? Pero que las hay, las hay.
Muy buenísimo.

Un beso,

Adela

Iris Leda dijo...

Ja,ja,ja... Estaba esperando qué le pasaría al Cacho, y llegó. Buenísimo este relato con un tema siempre vigente. Me super gustó Daniel.


Un bf.

Iris.