Cuando di el tercer golpe con el llamador de bronce en la puerta de la casa de la calle Charcas, me di cuenta de que habían transcurrido cinco años desde que dejara aquella casona de la Tía Baudilia, en el barrio de Palermo. Bien había disimulado durante todo ese tiempo mis deseos de volver.
-Ah, ¡qué alegría!, pasá, pasá -exclamó mi prima Matilde al abrirme la puerta.
-¡Mi querida Mati! -dije yo a la vez. Y después de besar sus dos mejillas, ingresé a la sala. Recordaba ese aroma a café recién molido y las tostadas con dulce de leche. Tenía dos años cuando me dejaron con mi tía, al fallecer mi madre. Ahora ya era una profesional de la medicina.
-¿Y la tía Baudilia, dónde está? -pregunté.
-¿Sabés que justamente hoy me dijo que estaba extrañando tu sonrisa; la mayoría de las horas las pasa en el altillo, como antes ¿té acordás? - contestó Matilde.
¡Pobre!.. pensar que escribí mi tesis de doctorado sobre lo que llamé el “Síndrome del Altillo”, que para mí es muy parecido al “Síndrome de Diógenes” pero que no es lo mismo. En mi Síndrome hay mayor pureza, limpieza, nostalgias... no sé... mayores deseos de recordar sucesos, buenos y malos y no sólo el aislamiento, el abandono o la intensión de guardar objetos sin valor -pensé.
-Voy a subir -dije.
-¡Tía Baudilia, soy Noelia y voy subiendo! -grité bien fuerte para superar su sordera.
Cuando abrí la puerta del altillo la vi mirando por la ventana hacia la calle, sentada en su sillón hamaca de doble rulo; ella siempre me hacía reparar en la delicada forma de su silla.
Algo debió haber escuchado porque preguntó: -¿Quién es? Giró su cabeza hacia mí y al instante me reconoció. Después, extendiendo sus brazos, dijo:
-¡Noelia, mi sobrina favorita!, ¡qué alegría!, extrañaba tu sonrisa. ¿Te lo dijo Matilde?
-Pero tía, ¿qué hace sola en el altillo? ¿No tiene frío?
-Querida, la soledad no existe sino solo en la mente de cada uno. Es muy abrigada esta mañanita que me tejí, che. -agregó pasando su mano por la prenda. A veces enciendo la estufa a vela. Estoy muy cómoda y paso las horas mirando viejas fotos, saltando de un recuerdo a otro, limpiando algo, no sé... En este momento estaba mirando la calle, ¿sabés que no recuerdo cuando quitaron el buzón rojo de la esquina? ¿Y ahora cómo hace la gente para mandar sus cartas?
-¡Ay tía, tía! La gente ya no escribe como antes... ahora es todo “e-mail”, “chatear” o enviar mensajes con el celular. Además, por todas partes hay agencias de correos privados.
-Era tan emocionante escribir o recibir una carta -dijo con un suspiro
-Escucho radio - ¿ves que el antiguo receptor a válvulas de tu tío todavía funciona? ....y muy bien.
-Tengo una foto para mostrarte. ¿A que no sabés quién es esta señorita? –agregó, poniendo en mi mano una fotografía en blanco y negro.
Se notaba que el fotógrafo de la Kodak había puesto más atención en el auto que en la mujer de la foto, observé en silencio. La joven llevaba un vestido negro hasta la media pierna que parecía de seda, con un escote fruncido, mangas largas, un doble lazo de color blanco apagado en la cintura, zapatos de tacos altos, negros, cerrados, y un sombrero muy elegante. En la foto aparecía de pie, apoyando un brazo en la puerta abierta del auto y levantando con el otro un minibolso con cadena tipo “baguette” para proyectar la sombra sobre sus ojos.
-¡Es tu madre! Antes de comprometerse con tu padre ya era muy amiga de la casa -dijo la tía, antes de que yo adivinara –para entonces tenía 16 años. Mirá el auto, era el Ford negro Prefec de tu tío Cruz. A veces pienso que aún no se habían inventado los colores.
-Parece mayor -reparé -¿Porqué tan blanca?
-Querida mía -dijo -en aquellos tiempos, a los 15 años ya éramos mayores y además, la moda era verse blancas, bien blancas. A las chicas se nos tenía prohibido tomar sol.
-¿Y ese afiche en la pared al lado de mi barrilete y mi muñeca de trapo? - pregunté con un nudo en mi garganta sólo para cambiar de tema y no llorar.
-¡Ah! -expresó la tía -ese afiche recorrió el mundo... es una publicidad de Geniol. Fijate la cabeza rapada llena de alfileres ¿Cómo no iba a dolerle al pobre?- “Cualquier dolor de cabeza se quita con un Geniol” , decía el cartel.
-¡Tía... tenés una tabla de lavar!
-¡Ja! Leí por ahí que un sacerdote dijo que el lavarropas liberó a la mujer. ¡Que burro!
-¿Y ese tocadiscos funciona?
-¿El Wincofon? Es una verdadera reliquia y claro que funciona, y el televisor en blanco y negro también. Ahí tenés los tangos, en discos de pasta en 78 rpm, que gravó Osvaldo Pugliese. ¡Pobre! Siempre tan perseguido y censurado por sus ideas políticas. Tu tío era fanático de Pugliese. ¿Te gusta el tango? -preguntó.
-La verdad que no, tía.
-Algún día te voy a enseñar a escuchar tangos y vamos a empezar con “La Yumba” que era el himno de la orquesta de Osvaldo, con su síncopa y contrapunto.
-¿Bajamos? -preguntó -Matilde tiene la sopa lista. Otro día volveremos ¿Querés?
-Sí tía, dale -afirmé -¿Aún ponés el sifón de vidrio al lado de la puerta?-
-Sigo esperando al sodero –dijo con una sonrisa. Te cuento que le vendí la cocina a kerosene y la heladera a hielo al señor Telmo. ¿ Te acordás? El anticuario de San Telmo.
-¡Que lástima a la heladera la quería yo!-
Me detuve por un instante en la escalera acariciando la baranda de madera lustrada.Sí, quiero volver a subir –pensé -pero antes tendré que corregir mi tesis sobre el Síndrome del Altillo. Ahora sé que no es señal de ninguna enfermedad, es simplemente... nostalgia.
4 comentarios:
Excelente y lleno de nostalgias, que de eso se trata la vida cuando los objetos que nos rodearon de jóvenes van cayendo en desuso. Nostalgias, sí, pero de la buena.
Me gustó. Felicitaciones.
¡Qué bueno Jorge! Uno aquí, se encariña enormemente de los personajes, lindo el desarrollo del cuento.
Cariños,
Alicia.
Hermoso cuento Jorge, contadísimo, de esos que nos aferran a la vida, y a esas pequeñas cosas, tan grandes, por cierto, que siempre están.
Un beso,
Adela
http://www.youtube.com/watch?v=KZPCtHCpp94
Excelente relato Jorge. Los recuerdos que nos dejan las cosas materiales a veces son entrañables. Vos hiciste una pintura perfecta de otros tiempos. Emotivo y bien escrito.
Un bf.
Iris.
Publicar un comentario