jueves, 9 de febrero de 2012

SINE DIE

Mis anteojos de miope se  caen de la mochila al  sacar las llaves  para entrar; el ruido de vidrios aplastados por  mi propia bota me  hace volver  a la realidad de este martes largo que sí, se apagó el domingo, después de haberse consumido durante cuánto tiempo… No lo sé.
La oscuridad  cede ante la hazaña  de las estrellas y  el ánimo plateado de la luna traza un sendero ya conocido, complicando la noche, única amiga fiel de la razón que, obstinada,  tanto se aleja del buen juicio y no logra separar el presente de lo que pasó y pasaba. 
Hoy es veinte de mayo  y huele a humo de hojas quemándose en las zanjas. El viento nocturno y otoñal  de este  pueblo, arrastra  desde el campo y desde los caseríos, la tierra finita  de las calles formando un remolino seco,  otra vez, en  esta esquina. Las pocas viviendas  de las cuatro manzanas que aquí desembocan, no han variado. Y quizá yo tampoco,  y es por eso que vuelvo, o por el deseo de sentir que nada cambia, queriendo ignorar  el fluir continuo de las aguas del río, desconociendo al gran Heráclito, y de paso olvidándome, para intentar olvidar.
Las puertas oscuras de madera entornadas,  los vidrios quebrados que adivino, nadie ha deseado cambiar, concuerdan con los sonidos  apartados de los cubiertos siempre resistentes en  una mesa en la que se está cenando.  Y sucede  una noche más,  donde  hasta la rutina de  los chistidos agudos reclamando silencio y  el ladrido constante del perro de Sil, se confunden. 
No hablar del pasado, para disfrutar el presente.  No preguntar, para contentarse. Contentarse por lo que no se dice, con lo que se oculta. Recrear sin palabras que comprendan el antes para  conformar un presente sin hilos, entonces sin nudos, entonces sin cortes. Conducen los hilos.
Hacer desacontecer el antes y borrarlo, como cuando  el amor se va y deja ese sabor amargo, vacuo y quieto muy dentro, por  todo lo que  en el pasado, ha sido. 

3 comentarios:

Daniel Angel Ríos dijo...

Tu escrito, que del olvido trata, me hizo recordar dos frases, una de José Hernández, “sepan que olvidar lo malo también es tener memoria”, y otra de Secretán, “podemos ser felices en la medida en que sabemos olvidar”.

Muy buenas las frases, y muy buena tu creación.

Mercedes Raquel dijo...

DEBEMOS OLVIDAR PARA VOLVER A APOSTAR, SINO CÓMO SE HACE...
EXCELENTE AMIGA UN ESCRITO CON TU ESTILO ABSOLUTO!!!
BESOS.

Iris Leda dijo...

El cambio produce miedo por lo incierto. Lo conocido aunque rutinario no sobresalta. Pero el pasado está y a veces demasiado presente. Me super gustó Adeli.


Un bf.