El dormitorio olía a la lavanda que habían traído de Ayunga tres semanas antes, a los nardos, que en esa ocasión, había optado por colocar en las mesas de luz; a cera, por la limpieza a fondo de los martes a cargo de la siempre puntual Renata; olía sí, sin duda, al mes de abril cuando se avecina la lluvia y no hace frío ni calor, y el día se adivina nublado y lento.
El hábito de acostarse sobre el lado derecho de su cuerpo lo traía de la infancia. Continuó con los ojos cerrados y extendió el brazo izquierdo hacia atrás sin darse vuelta, buscando a tientas una almohada para taparse la cabeza e intentar dormirse otra vez.
Martillaba la voz de su madre hablándole de su padre, de cómo lo extraña cada día todavía, del excelente marido y padre que fue, de las virtudes que todos sus amigos le reconocieron siempre, de cómo supo dar y ayudar a todos, de cómo se amaron y de lo injusta que fue su muerte. De cómo ella lo esperaba, y de lo bien que lo pasaban juntos compartiendo la vida, en ese secreto mundo que habían sabido construir de a dos, por una sencilla razón, porque se amaban, y el amor, el verdadero amor, sólo se da una vez en la vida.
Necesita dormirse otra vez y no escuchar el taconeo de Amelia sobre el parquet, tan distinto al andar de Gaby sobre el piso de cerámica. Necesita dormirse y no enterarse de los silencios sostenidos. No ver el ímpetu de Amelia, sus ganas, su forma de ser estando y no estando.
-Maxi, ¿dormís?
-Sí. ¿No me ves?
-Teléfono. Es René, pregunta si vas a ir al club.
-Decile que no estoy.
-Pero estás, atendé che, ya le dije que estás en la cama.
-Decile que estoy durmiendo, o no te diste cuenta. Y que después tengo trabajo hasta tarde.
-Ok
…
-Maxi, me imagino que para tu hija sí, estarás, ¿no?
-Sigo durmiendo y después me voy al club, vuelvo a la noche, decile.
Ok.
….
-¿Se puede saber por qué mentís?
-No miento, no tengo ganas de hablar, eso es todo.
-Bueno, a eso me refiero, tendrías que haber atendido y decir en lugar de inventar algo que te lleva siempre a otra mentira.
-Por qué no te callás una vez, digo yo. ¿Vivís en el limbo vos? ¿No te das cuenta que estoy como el culo?
-¿Y te parece que mentir a la gente que te quiere es la solución?¿Cómo sé que no me mentís a mí también?
-Ah, siempre vos eh… si no estás en primer plano, el mundo no existe.
-Y por qué tengo que creer que no me mentís a mí.
-Creé lo que quieras.
-No se trata de lo que quiero. Se trata de lo que vos demostrás tan distinto a lo que decís .
-Mirá quién habla…
-¿A qué te referís? Hablá… a ver ¿qué tenés para decir?
-Qué, ¿no tenés imaginación?
-Sí, pero no estamos hablando de imaginación.
-Mirá Amelia, no tengo ganas de hablar, vos estás cansada de mí, y se te nota. ¿O te creés que soy boludo?
-Te pregunté por qué mentís, y sabés que le mentís a todo el mundo, pero para no hablar de eso, me salís con otra cosa. Encima, haciéndote la víctima.
-¿La víctima? No querida. Vos querés hablar de mis mentiras y yo de tu desinterés, que por lo visto es de lo que vos no querés hablar.
-De qué desinterés estás hablando. Si no me interesara no te preguntaría cómo puedo estar segura de que no me mentís a mí también.
-Amelia, no me esperaste para cenar anoche, ni antes de anoche. No me llamaste en todo el día el miércoles. No te importa nada de cómo me siento y lo único que hacés es ponerte en juez de lo que digo y cómo lo digo.
-No te esperé para cenar porque me dijiste que no sabías a qué hora ibas a venir. Y llegaste después de las doce. Acaso, ¿no me levanté cuando llegaste? Y si el miércoles no te llamé fue porque estaba ocupada y vos me pasabas a buscar a las siete por la oficina. ¿Qué podía pasar entre las nueve de la mañana y las siete de la tarde, me querés decir?
-Nada, no podía pasar nada o podía pasar todo. Pero vos estabas ocupada para llamar y enterarte.
-Pero y qué, ¿pasó algo, acaso?
-No, quedate tranquila, no pasó nada, no pasa nada ni tampoco va a pasar nada nunca. Ahora, ¿te puedo pedir que me dejes solo?
-Sí. Tengo que suponer que eso que estás diciendo, no es una mentira, que querés quedarte solo.
-No es una mentira.
Fin de junio y los párpados pesan y los ojos arden, el oído derecho late a punto de estallar y no hay gotas. Huele a café quemado y a fritura vieja, a basura sin sacar. A encierro y a cosa humana.
Fin
4 comentarios:
¡Uh! ¡Qué conversación tan clara de dos que no se escuchan!
Creo que ya han traspuesto el punto después del que no hay regreso.
No sé por qué, en mis oídos la conversación me suena a personajes cambiados, donde el hombre sería la mujer, y la mujer el hombre.
Debe ser un problema de mis oídos; de tu feminismo; o de no sé que cosa (recordá que no soy machista). ¿?
Besos.
Jajaja... Sabés Daniel, recuerdo recuerdo recuerdo totalmente que no sos machista. Ahora, ¿dije yo alguna vez que soy feminista? Sí así fue, ya mismso me rectifico.
De los ismos el que más me gusta es el igualismo, me imagino que a vos también. ( ¡¡viste qué buena la propaganda de Quilmes!!. No tiene desperdicio)
En fin, fuera de broma ahora, en el cuento, créase o no, no están invertidos los géneros de los personajes. Hay de todo en la viña, según lo que he ido viendo en mi cortísima vida y doña Amelia y don Maxi, son así. Si fuera escribana lo diría de este modo, ambos hábiles y de mi conocimiento, doy fe.
Un beso
Adela.
Me gustó mucho este cuento no cuento.
Buenos diálogos aunque lamentablemente para la pareja son diálogos "paralelos". No creo que puedan juntarse. En apariencia el amor dejó de visitarlos.
Un bf.
Iris.
En realidad tu historio puede ser tanto de hombre a mujer como de mujer a hombre, ya que en el amor ambos sentimos lo mismo siempre... No hay manera de amar en femenino o en masculino, el amor es universal y gracias a Dios no es cuestion de género!!!!
Siempre fiel a tu estilo, excelso!!!
besos amiga!!!
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